En obras de Aristóteles, se han conservado nociones con respecto a los cuatro argumentos de Zenón de Elea contra el movimiento; para él, el desplazamiento es solo una cuestión de intuición, de conocimiento sensible, pero no de razón. Entre sus conocidas aporías -paradojas-: del Estadio, Aquiles y la tortuga, de la flecha y de los batallones, el filósofo rebatía a los pitagóricos y a los matemáticos defendiendo dos puntos doctrinales de su maestro Parménides: el vacío, el espacio, la nada no existen. Lo que existe es Uno, eterno, inmutable, homogéneo, indivisible y, en consecuencia, el tiempo es Uno.

La paradoja gravita en la unión de dos ideas opuestas que resultan contradictorias, pero que sin embargo pueden estar encerrando una verdad oculta: «Al avaro, las riquezas lo hacen más pobre» -caso de los promotores del rascacielos del puerto, carentes de escrúpulos-. La paradoja tiene el cometido de provocar asombro y nos invita a la reflexión sobre una realidad mucho más confusa de lo que pudiera parecer en un primer instante.

En torno a este tiempo tan complejo nos llega, paradójicamente, en el mismo día la confirmación por parte de la Junta del cierre perimetral de trece municipios malagueños, capital incluida, y los grandes del litoral occidental al superar los 500 casos de incidencia acumulada de los casos de coronavirus por cada 100.000 habitantes, alcanzando el tránsito acotado a 45 localidades de la provincia. Tal acción coincide, sorprendentemente, con la entrada en vigor -después de años de espera- de la nueva ordenanza de Movilidad, la cual va a regular y ordenar el funcionamiento de los vehículos de movilidad personal (VMP), teniendo como artefacto estrella a los inquietantes patinetes eléctricos que tendrán, por fin, que abandonar las aceras. Buena nueva para todos, resignados peatones. Tal vez sea la simplicidad de la vida lo que nos conduce al error.