Ha sido ésta una semana que no olvidaremos. Por supuesto, gracias a Joseph Robinette Biden Jr. Desde el pasado 20 de enero es el número 46 de la augusta lista de los presidentes norteamericanos. Y además con el valor añadido de ser el más longevo de la historia de los Estados Unidos. Un presidente perfecto para estos tiempos imperfectos. En momentos muchas veces tóxicos y sobre todo muy complicados para el pueblo de la gran nación norteamericana. Con un historial ejemplar, el presidente Biden es innegablemente a fine gentleman. Un buen hombre. Digno de sus animosos orígenes irlandeses y de la grandeza de su patria americana. «Tierra de hombres libres y morada de valientes», según el himno.

¡América, América! El 2 de diciembre de 1970 tuve el privilegio de contemplar por primera vez la realidad de Manhattan y su emplazamiento mágico, a través del cristal blindado de la ventanilla que me tocó en el vuelo inaugural de aquel B -747. El primer Jumbo de Iberia que voló de Madrid a Nueva York. Acompañaba a uno de mis jefes, don Ramón Utrera Maresca, uno de los propietarios y directivos de aquella muy providencial agencia de viajes malagueña. La que fue una distinguidísima protagonista de no pocos momentos estelares de la trayectoria turística de la Costa del Sol de aquellos años: Viajes Málaga. Entonces supe que regresaría a aquel gran país. Y así fue.

Cuatro años después, ya con la bandera del Hotel Los Monteros de Marbella, regresé. En mis recuerdos, la primavera de 1974 se convertiría definitivamente en mi experiencia norteamericana iniciática. Entre otros motivos, por mi estancia como un modesto cura de pueblo en el Vaticano de los Hoteleros: es decir, en la Escuela de Administración de Hoteles de la muy augusta Universidad de Cornell. En la bellísima Ithaca, en los confines septentrionales del Estado de Nueva York. Con mi flamante nombramiento bajo el brazo, como profesor invitado de la Universidad, aproveché la oportunidad de mi paso por la vecina Nueva York, para presentar mis respetos a mi buen amigo Malcolm D. Williams. El vicepresidente de una de las mejores empresas de representación de hoteles de este planeta: la legendaria Robert F. Warner Inc.

Había conocido a Malcolm en España. En Los Monteros, en Marbella. El que fuera un ilustre diplomático británico, se convertiría con el paso del tiempo en un gran hotelero internacional. Recuerdo la fecha de ese encuentro perfectamente: el 20 de diciembre de 1973. En ese día fue asesinado en un atentado terrorista el que fuera presidente del Gobierno de España, don Luis Carrero Blanco.

Esa noche, poco propicia para celebraciones, habíamos quedado para cenar en el legendario restaurante de Los Monteros. Quizás por eso nuestra hermandad empezó a andar en aquel momento. Durante muchos años, el famoso «Sales Blitz» de Robert F. Wagner se convirtió, a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos, en un potente ejercicio de marketing y una eficaz herramienta promocional de una agrupación de grandes hoteles europeos. Y eso jamás hubiera sido posible sin el entusiasmo y el talento de mi amigo Malcolm. A él le debo también que en octubre de 1976 me nombraran Ciudadano de Honor de Nueva Orleans, histórico enclave tan cercano a las Coronas de España y Francia.

Les envío desde esta página a él y a su admirable esposa, Susana, un fuerte abrazo y mi enhorabuena por los nuevos tiempos que sin duda se avecinan. Ambos son unos grandes amigos de España.

«And last but not least», otro fuerte abrazo a mi hermano americano, Peter de la Fuente Hurd, maestro de maestros en su españolísima Santa Fe del alma, en tierras de New Mexico.

A todos ellos les digo… God bless America! ¡Que Dios bendiga a América!