Aunque parezca obvio, lograr que Málaga sea una ciudad más habitable, en la que se tengan en cuenta las necesidades de los distintos grupos sociales, debe ser una tarea colectiva en la que debemos implicarnos todas las personas. Con esta filosofía grupal y colaborativa nacía Cociudad, una propuesta de las asociaciones Oleaje y Arrabal-AID para elaborar soluciones arquitectónicas para la mejora de los barrios que fue merecedora del Premio Cultura Viva de Fundación Cruzcampo. Un proyecto construido desde abajo al que se han ido sumando colectivos vecinales, mujeres, jóvenes y mayores, estudiantes de Arquitectura, expertos en urbanismo y también el propio Ayuntamiento a través del área de Participación Ciudadana, como administración más cercana.

La primera de las experiencias de Cociudad se realizaba en Mangas Verdes con un primer mapeo de necesidades en el que las mujeres más mayores del lugar, vinculadas a la Asociación de Vecinos Mangas Verdes y la Asociación de Mujeres Jazmín, protagonizaron distintos recorridos para identificar zonas deprimidas de la barriada sobre las que actuar, espacios en desuso y solares susceptibles de albergar diferentes equipamientos. Una labor investigadora que se convirtió en toda una acción de recuperación de la memoria histórica del barrio, poniendo en valor historias y anécdotas de sus gentes, lugares y modos de vida tradicionales casi en el olvido, desarrollados durante las primeras décadas del siglo XX. Un saber popular que, sin darnos cuenta, se estaba transfiriendo a los más jóvenes del barrio que descubrían así parte de su propia historia y entendían el porqué de algunas denominaciones de calles o su estrecha configuración.

A esta labor sobre el terreno siguió un proceso formativo y de codiseño entre los distintos colectivos participantes de cara a presentar propuestas técnicas viables. Para introducir a la comunidad en el manejo de conceptos urbanisticos se desarrollaron distintos workshops en los que participaron jóvenes y también niñas y niños, para recoger necesidades y expectativas diferentes sobre el espacio donde viven. Una fase completada con la recogida de propuestas a través de formularios y entrevistas a residentes de todas las edades.

Si en un primer momento pudiera parecer que los más jóvenes habían aprendido de sus mayores, a través de las vivencias e historias entorno al barrio, con el paso de los meses la relación se transformó en un mutuo aprendizaje, donde los menores de 25 ayudaron a quienes sumaban más de 70 años a manejar las nuevas tecnologías tan necesarias en la recta final de Cociudad, convertido ya en un proyecto de diálogo y encuentro intergeneracional.

En este punto, el Centro CAPI Ciudad Jardín de la Red Guadalinfo que dinamiza la Asociación Arrabal-AID se convirtió en epicentro de un proyecto en cuya fase final se utilizaron las herramientas Minecraft y Blender para la elaboración de las propuestas definitivas de mejora. Así, de forma virtual y con el respaldo del equipo técnico de Oleaje, se recrearon el nuevo parque en el entorno del Acueducto de San Telmo, para poner en valor este conjunto monumental, y se vislumbraba un centro de usos múltiples para la realización de todo tipo de programas sociales. Unas propuestas de consenso que ya se han trasladado a la Junta de Distrito Ciudad Jardín para su toma en consideración fruto de un trabajo colaborativo.

Si algo me ha enseñado Cociudad por encima de las mejoras urbanísticas es a situar a las personas en el centro de la acción y cómo es posible construir una ciudad habitable con el diálogo y el respeto como pilares fundamentales.