Esta pasada semana los espectadores de la cadena pública de televisión asistían asombrados a una muestra más de manipulación informativa. La heredera al trono de España, la princesa Leonor, va a continuar su formación en el Reino Unido y en el transcurso de la emisión de tal noticia aparecía un rótulo en el que se decía textualmente: «Leonor se va de España, como su abuelo».

Parece claro que tal desliz ha venido provocado por personas que a veces de forma sutil, y otras mucho más explícita como es el caso, no están de acuerdo con que la forma política del Estado español sea la monarquía parlamentaria. No entraremos en esta ocasión a valorar cuál es la forma política más adecuada para nosotros, pero sí me gustaría destacar la insoportable manipulación a la que con tanta frecuencia nos someten los medios de comunicación. El ataque a la monarquía a través de la figura de una adolescente ha sido en esta ocasión el último cartucho de esta insana costumbre.

Si echamos la vista atrás podemos remontarnos por ejemplo a julio de 2006. El día 3 de ese mes se produjo un accidente en el metro de Valencia en el que fallecieron 43 personas y otras 47 resultaron heridas. A pesar de la gravedad del hecho, la televisión pública local, Canal 9, no interrumpió la programación habitual y ni siquiera se llegó a contactar con el lugar del accidente. En aquel momento la cobertura que se dio al suceso por parte de la televisión pública regional fue totalmente partidista y manipulada. Años después los trabajadores de la cadena denunciaron que las órdenes para silenciar la información partieron del Palau de la Generalitat. Es llamativo que los cómplices de la manipulación denunciaran la misma en el momento en que se produjo el cierre de la cadena, lo que nos obliga a preguntarnos si hubieran seguido con dichas prácticas en caso de haber conservado sus puestos de trabajo.

Pero hay más ejemplos e incluso más evidentes que el anterior. Un poco más lejano en el tiempo está aquel 18 de junio de 1986. La selección española de fútbol había obtenido un épico resultado de 5 a 1 jugando contra Dinamarca en el Mundial de ese año. Fue durante la emisión de la repetición del primer gol en el telediario cuando se colaron las siglas del PSOE, de tal manera que más parecía que el partido en el poder en aquel entonces había marcado el gol y no el gran deportista Emilio Butragueño. Curiosamente, la presentadora de dicho telediario era Rosa María Mateo, presidenta de RTVE en la actualidad.

Ese mismo año, 1986, ya había sido objeto de otra maniobra de clara manipulación de un medio de comunicación; en este caso censurando la actuación del cantautor Javier Krahe. Krahe participaba junto con otros cantantes en un espectáculo que se grababa en directo para luego emitirlo en TVE . El cantante interpretó la canción ‘Cuervo ingenuo’ en la que criticaba entre otras cosas la postura de Felipe González en relación a la entrada de España en la OTAN. Antes de llegar al poder González había sido partidario del no y una vez gobernando apostó por el sí. Esas cosas tan típicas que pasan. Pues en aquella ocasión Krahe vio como al empezar a cantar dicho tema en el teatro las cámaras de TVE se apagaron dejando de grabar tan incómoda canción. El portavoz de TVE de la época al ser interpelado sobre este asunto afirmó que en tiempo de elecciones esa postura le parecía absolutamente lógica. Paradójicamente el año 1986 fue el año en que se reabrió la estatua de la Libertad americana al público tras varios años de obras de restauración.

Seguiremos por tanto asistiendo a tan penosos espectáculos, que vienen de lejos como hemos podido comprobar, y que desde mi punto de vista implican un desprecio absoluto por el ciudadano al considerar que no está capacitado para extraer sus propias conclusiones y hay que ‘ayudarle’ a pensar. Estas situaciones de injerencia partidista seguirán existiendo en tanto no se tomen las medidas oportunas para evitar que sean los políticos los que nombren a los miembros del consejo de administración de la televisión pública o sigan otorgando subvenciones a determinados medios de comunicación para que ‘desinformen’ a su favor. ¿Quién va a morder la mano que le da de comer?