Lo admito. Con gratitud y respeto. El título de este modesto artículo se lo debo a un maestro de maestros: el escritor y periodista David Jiménez, para el que el adjetivo de ‘ilustre’ se queda siempre corto. El pasado 11 de febrero publicó un texto de opinión política que me impresionó: «El enemigo de Cataluña no es España, sino el populismo». Nada más y nada menos que en la edición de ese día en lengua española del legendario New York Times. El maestro, natural de Barcelona, tiene sólidos avales. Como lo son sus artículos, difundidos a través de los más importantes diarios del planeta, a los que añade la publicación de sus cuatro libros – excelentes - y su paso por la Universidad de Harvard. Me permito la libertad de citar estos recientes párrafos suyos. Vale la pena leerlos.

«La falta de autocrítica del movimiento independentista es preocupante porque invita a repetir los errores que han llevado a Cataluña hasta aquí. Incluso descontando la indudable contribución de los gobiernos de Madrid al desapego que muchos catalanes sienten hacia España, nadie ha infligido más daño a la región que su propia clase dirigente. Su receta populista ha sido la misma que llevó al Estados Unidos de Donald Trump al borde del precipicio o al Reino Unido al Brexit, con su combinación de victimismo, intolerancia y desinformación. Los catalanes merecen algo mejor».

«Los catalanes necesitan políticos capaces de defender sus ideas con la fuerza de la verdad y eso implica aceptar que el ‘procés’ ha fracasado. Cuanto antes se reconozca más rápidamente se pondrá el foco en mejorar la vida de los ciudadanos y recuperar la economía. El crecimiento de Cataluña ha sido menor que la medida del resto de España desde 2017, su productividad se ha desacelerado y es la comunidad que sufre un mayor índice de criminalidad».

«La pregunta es si los nacionalistas están dispuestos a hacer su parte, abandonar el populismo que los ha llevado a un callejón sin salida y aceptar que sus diputados en el nuevo parlamento tendrán la obligación moral de legislar para todos los catalanes, no solo para los que piensen como ellos».

Hasta aquí las palabras de David Jiménez, al que Dios siga iluminando durante muchos años. Para el deleite de sus lectores y, por supuesto, del augusto New York Times en español. Publicación que es, como proclaman con justificado orgullo sus editores, «una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos».

«Con eñes y acentos»… Además, cientos de miles de lectores del NYT lo agradecerán. Sobre todo los de las Américas de habla hispana. Todos estarán de acuerdo. Como lo estarían los Amigos de los Libros de Cagliari, la capital de la isla italiana de Cerdeña. Aquellos que (como les comenté la pasada semana) dedicaron en el barrio alto de la capital sarda una lápida para conmemorar el paso por aquellas aguas en septiembre de 1573 de un soldado castellano y escritor universal: don Miguel de Cervantes.

Interesante coincidencia es ésta: la existencia en la actualidad de groseros ataques populistas a la lengua española, provenientes de algunas regiones también españolas Que a su vez se cruzan con toda clase de homenajes al español, una lengua admirable, de origen latino, que nos ennoblece a todos. Idioma no solo preclaro. También es uno de los más hablados del planeta. Que no se merece las pedradas de un populismo desquiciado, tan degradante como miope y cateto.