El 28 de febrero de 1981, cinco días después de la intentona golpista del 23-F, nos reunimos en Córdoba -con un cierto olor a pólvora- los diputados nacionales que habíamos obtenido acta en Andalucía para aprobar el Estatuto que tendría que ratificar la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados.

Estaban allí representados de mayor a menor número de escaños los siguientes grupos: PSOE, UCD, PCA, PSA y dos diputados por libre, Manuel Clavero y el que esto escribe y suscribe.

Presidía la asamblea Rafael Escuredo, presidente preautonómico de Andalucía en aquellos tiempos, y recuerdo que me llamó en un “aparte” y me dijo: “yo te quiero conmigo”. Sonreí.

Un servidor era independiente, o sea, no sometido a la esclavitud de la disciplina de partido, aunque es cierto que Alejandro Rojas Marcos me estaba tirando los tejos para que me incorporase al PSA.

Aquella Asamblea, celebrada en la Diputación cordobesa, fue un rodillo de los partidos nacionales. Solamente el PSA y un servidor de ustedes dimos la “nota” intentando colar algunos aspectos y criterios claramente nacionalistas que, lógicamente, fueron rechazados por el centralismo. Clavero se encontraba en Málaga para poner en marcha un proyecto político llamado “Unidad Andaluza” que no llegó a consolidarse por falta de apoyo financiero.

Así que salió lo que salió, lo que tenemos y poco más si lo comparamos con vascos y catalanes, y ello a pesar de ir por la vía del artº 151 de la Constitución Española.

Y estamos la “mar de contentos” y celebramos nuestro-vuestro día en la Peñas, por verdiales con ole, ole y olé.

Lo que recuerdo con cachazas de aquella Asamblea fue cuando “Pepote” -José Rodíguez de la Borbolla Camoyán-, secretario del PSOE-A, pronunció la siguiente frase: “Hoy comienza la verdadera historia de Andalucía”.

Solamente con pensarlo, me parto de risa.