Opinión | La señal

¡Apunten! ¡Fuego!

Ella, Angelita, llegó a los estudios más de dos horas antes, y henchida de emoción, se había tomado un alprazolam para controlar más, pero lo estropeó en el almuerzo con un excelente vino, Alion, y los efectos se hacían notar. El presentador lo tenía claro, la cadena no iba a pagar esa burrada de pasta para hacer una porquería, en todo caso sería una porquería show de la que hablaría toda España, y bien. Ella estuvo de acuerdo. De hecho, habían repasado juntos las preguntas y los asuntos que iban a ir saliendo bajo la voz de flauta travesera de Raúl Miguel, que se vistió para la ocasión con una discreta chaqueta roja de lunares negros.

Se preparó, además de la banda sonora original del programa, una especial, de Terry Devine-King. La publicidad subió de precio, los anunciantes no pusieron reparos en pagar el plus y, para más contento, el concurso también prometía una extraordinaria emoción.

El correveidile de la cadena estuvo unos minutos antes tomando café con Raúl Miguel para que todo quedara claro, y hasta tenían pensado el fin de fiesta, la última banderilla al ex de la famosa, pero eso sería al día siguiente. También se impartieron instrucciones a la más veterana del famoseo, Amapola, y su reacción estuvo asegurada, para eso cobraba. Al ex lo iban a fusilar en directo, pero así es la vida, ¿acaso no era un hombre?, ¿qué esperaba?, el que la Justicia le hubiera absuelto era una injusticia, la calle no miente, esa es la única verdad, así que punto. Eso de que él acudiera al espectáculo se había sopesado, pero presentaba sus riesgos porque podría convencer a más de uno en sus casas, y es mejor acercarse a la unanimidad. Que no se pudiera defender no representaba ningún problema, ni que tuviera la custodia de sus hijos, algo absolutamente anormal en un padre, quizá más adelante se le podría invitar y así se hacía más caja. El correiveidile le dijo al presentador, no te preocupes, la televisión tiene más poder del que puedas imaginar y todo lo demás nos importa un carajo, tú que eres un gran profesional vas a recordar este programa toda tu vida, palabra de honor, dijo muy serio, y te llevaras un buen pellizco, ¡eh!, pedazo de líder de audiencia, y se fue.

Después, el público asistente, algunos en proceso de lobotomía en cuanto calentados como si fuera Willi Münzenberg el que les dirigiera la palabra, presentaban indisimuladas expectativas. Quedaban pocos minutos para el inicio de la emisión y ya se sentaban los invitados, mirándose a sus espejitos mágicos, los técnicos ajustando micros en los escotes y las maquilladoras con los últimos pufs de polvos carmesí en los rostros, pequeños detalles que, sumados, alcanzarían un infrecuente subidón, ¡y en prime time!

En el control, ya avisaban a todos con el «preparados», los cámaras en sus puestos y... la ministra advertida de que estuviera al loro al recibir la señal. Ya decía Groucho Marx que la televisión es muy educativa porque cuando alguien la enciende, se iba a leer un buen libro. Bueno, sabemos cómo era Groucho…

9, 8, 7… ¡dentro!, y como una descarga de fusilería todos los focos de luz, las cámaras, las miradas… y millones de españoles se conectaron a las anunciadas confesiones de aquella mujer que tenía que llorar con convicción, como se llora en una película en la que la protagonista es la despechada y se agarra a la lente. El otro, el condenado a la muerte civil sabía, por confidencias, la que le esperaba, aunque no los detalles, y la verdad es que lejos, muy lejos, de ser un santo, creyó que esto nunca le sucedería a él.

Angelita despertaba mucho cariño social, y eso se fabrica, y tiene sus especialistas, y hay dinero para todos, cosa que en estos tiempos de privaciones, de ausencias y hasta de muerte, una historia tan conmovedora como esta tendría una aceptación nacional, o más allá, e incluso eclipsaría a la Agustina de Aragón del momento político. Pero… ¡atención! Raúl Miguel estaba en al aire. Aquí estamos amigos y esta noche… y se escuchó en todos los hogares de España una cerrada descarga contra el muro. Lope de Vega había dicho:

Enfermos soles y nublados

cielos,

hoy tomarán venganza

mis enojos,

porque en la condición

mudéis de estilo.

Si azules fuistes por matar

con celos,

hoy como espada quedaréis,

mis ojos,

que tienen de cortar gastado

el filo.