Casi tres meses después de que Donald Trump reconociera la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, el Gobierno marroquí decidía suspender todas sus relaciones con Alemania. No se trataba de una ruptura formal de las relaciones diplomáticas y comerciales, pero sí de un primer paso como advertencia a la Unión Europea, y especialmente a España, sobre la importancia que concede a su autoproclamada soberanía sobre la antigua colonia española. Porque el meollo de la cuestión no es otro que el Sáhara, sobre el que pivota toda la diplomacia marroquí desde hace más de 40 años.