Cerraba mi columna anterior con la incógnita del club que se iba a ver dependiendo de la sustitución de Eduardo García. El paso de los días tiene estas cosas, si se piensa en todo lo que venía, que el Unicaja cambiara de presidente, pasaría a ser el menor de los problemas.

Eduardo García llegó a la presidencia por ser empleado, y se fue sin que para ello influyera una gestión mejor o peor. Los resultados están ahí, nadie le quita haber sido el dirigente más longevo en la historia, y lleva en su haber una Eurocup, una final de Copa del Rey, la creación de la división femenina del club y una remodelación más que necesaria de las instalaciones de Los Guindos. En su debe, muchas cosas, pero sólo me queda desearle toda la salud y toda la suerte del mundo para él y los suyos.

Todo esto queda en nada con el hecho de que se haya visibilizado que la Fundación Bancaria no vaya a hacer frente a la aportación económica que realizaba al Club Baloncesto Málaga para su equipo ACB.

La Fundación Bancaria Unicaja es la entidad propietaria del club, mientras que Unicaja Banco es el patrocinador. Es conocido que fruto de la pandemia mundial del COVID, el pasado año, el Banco Central Europeo recomendó que las entidades no dieran dividendos a sus accionistas para reforzar los fondos, todo ello en previsión de aumentar las reservas, algo que parece probable que se extienda a este año también. Que la Fundación, máxima accionista del Banco no reciba la inyección de capital que supone esto, reduce significativamente la capacidad de maniobra, dejando aparte que el baloncesto profesional es el principal escaparate, pero no el único de los frentes que tiene abiertos la Fundación.

Al pasar unos días, resulta como poco curioso ver cómo las instituciones representadas en la Fundación, las cuales votaron de forma unánime continuar sosteniendo la cantera, pero no así el primer equipo, imitan al Capitán Renault de «Casablanca», que cierra el Café de Rick porque «allí se juega» mientras recoge sus ganancias de la ruleta. Ahora nadie sabe nada ni es consciente de la trascendencia de lo votado, volviendo casi de forma unánime la responsabilidad a Braulio Medel, presidente de la Fundación.

El anterior presidente de Unicaja y de la integrada Caja de Ahorros de Ronda se ve señalado por todo el mundo como el liquidador del baloncesto profesional en Málaga, como si no hubiera tenido tiempo de hacer lo mismo entre 1987 y 2016. El tema es ciertamente grave. A día de hoy, el club con ingresos propios cubre el 20% del presupuesto, con el 80% restante repartido equitativamente entre Fundación Bancaria y Unicaja Banco. Ya la temporada 2020/2021 Unicaja Banco cubrió el presupuesto total, pero dar eso como perpetuo parece muy arriesgado, a pesar del apoyo de sobra demostrado por Manuel Azuaga, presidente del mismo.

Las reacciones son de todo tipo, hay gente que reclama la aparición de empresarios de la zona para que den el paso al frente, otros que dicen que no es tan complicado encontrar un patrocinador que aporte lo que falta en el presupuesto, llamada a la movilización de la masa social...

Por recordar algo, Málaga en la práctica, ha dejado desaparecer a nuestro equipo de fútbol dos veces, ya sea en la versión CD como CF (porque lo de la intervención judicial es pedir la refundación del club para cuándo acabe), las fuerzas públicas de la zona ya se han visto cómo funcionan, y el tejido empresarial siempre ha brillado por su ausencia. Mucho más ahora, con lo que cae.

¿La masa social? Aquí somos mucho de arreglar las cosas en la barra de bar o en Twitter. Además, una de las señas de identidad de la época García en el club ha sido desdeñar cualquier comentario externo que no fuese adular la gestión del ya ex presidente, pero para demostrar a los que mandan que se quiere al club y al baloncesto, conforme haya la mínima oportunidad de renovar el abono y acudir al pabellón hay que hacerlo. El próximo presidente tendrá que afanarse también para recuperar la buena relación con la masa social conforme llegue.

Todo esto con un vacío de poder absoluto, la permanencia en funciones tanto del presidente como del director deportivo no sirven. Hay que ponerse ya manos a la obra para trabajar en ese «nuevo» Unicaja que nos viene y que de la mano de la Fundación, tiene que encontrar un nuevo presidente.

Un empleado debería ser el sucesor de Eduardo García. Dentro de la entidad, gente como Paco Alonso (actualmente en el Consejo de Administración) y Pedro Ramírez, de entrada, tendrían mejor base que cualquiera de los antecesores en el puesto. El problema está en saber qué recursos se tienen y de qué manera se podrían aumentar, algo a lo que históricamente las directivas cajistas nunca han estado acostumbradas. Tradicionalmente, las cuentas siempre han cuadrado, pero siempre con la aportación de la entidad en la forma que sea, nunca con el fruto del consejo de administración, más allá de las oportunidades puntuales de las temporadas 1992/1993 y 1993/1994 con las denominaciones de Unicaja Mayoral y Unicaja Polti, respectivamente.

Siguiendo con el símil cinematográfico, ahora llega el momento en el que los amables animales de «Madagascar» tienen que demostrar que su paso por la cautividad y la tranquilidad del zoo no les ha quitado el instinto de supervivencia que requiere su hábitat natural: la vida real, o sea, la salvaje.

Esto va a ser muy largo, muy complicado y se pondrá todo muy duro. Ojalá se vuelva al estatus que casi todo el mundo ha conocido siempre pero, mientras tanto, es una gran oportunidad para demostrar que queremos a nuestro club, que amamos a nuestro deporte y que sin discusión, todos podemos aportar algo.