A lo largo de la historia de la humanidad han sido numerosas las creencias y corrientes filosóficas que han atribuido, y atribuyen, a animales, plantas e incluso materias minerales el contar con un ánima que interacciona con el mundo exterior.

En las últimas décadas este concepto de alma se ha asociado también a las virtudes y bondades que conforman los grupos humanos, ya sean estos sociales, políticos, religiosos o incluso económicos.

En este último contexto son algunas las entidades empresariales a las que podemos atribuirle contar con un alma que va más allá de los fines productivos o económicos que conforman su razón de ser.

Son empresas que, más allá de la cacareada responsabilidad social corporativa, han sido capaces de asumir que parte de su razón de ser como colectivo humano es ayudar a la sociedad en la que se encuentran inmersas y que representa el porqué de su existencia.

Empresas que, gracias al compromiso de sus propietarios, socios, trabajadores y directivos, han dejado de considerar sus productos y servicios como el elemento final de su cadena productiva, y a sus clientes como meros consumidores.

De este modo, trabajadores, gestores y directivos, son capaces de integrar en su organización empresarial a personas con minusvalías; adecuar sus actividades al respeto medioambiental; impulsar una verdadera igualdad de género; aunar esfuerzos por mejorar la condición social y económica de todos y cada uno de los miembros de la empresa; mirar al cliente con el respeto que se merece y un largo etcétera de nuevos valores incorporados de forma veraz al proceso productivo.

Son estas las verdaderas empresas con alma.

Gracias a ellas Cruz Roja Española viene desarrollando desde hace más de una década programas de ayuda a las familias más vulnerables; generando oportunidades de empleo a las personas en condiciones más precarias; aportando ayudas económicas, dotación de material escolar y de vestuario a quienes carecen de ello; y actuando en otros muchos ámbitos de atención social.

Más de medio centenar de empresas malagueñas colaboran permanentemente con Cruz Roja en ayudar a aquellos otros malagueños que más lo necesitan. Muchas veces de forma callada y anónima, pero siempre con una visión de lo que debe ser una empresa integrada en la sociedad del siglo XXI, alejada de anticuados y obsoletos objetivos meramente economicistas. Empresas con la clara idea de aunar esfuerzos en pro de mejorar su tejido productivo, que impulse sus proyectos, que mejore su lícita y loable rentabilidad, todo ello apoyado en el único e insustituible valor de las personas.

En definitiva, empresarios y empresas malagueñas con alma, cuya dignidad y compromiso es objeto del reconocimiento y agradecimiento de Cruz Roja Española, en nombre de todos aquellos, hombres y mujeres, que aúnan sus esfuerzos por una Málaga mejor.