Atento a conservar su silla

Siempre hay una ventaja del líder que está en el poder, no porque se le considere más apto o con mejores cualidades políticas, sino porque tiene en su dedo la confección de las listas que es el pan que comen la mayoría de los políticos cuyo oficio y beneficio es más bien escasito fuera de los escaños o de los ministerios. Así ha ocurrido con Sánchez que pasó, sin solución de continuidad, de la calle a La Moncloa. El poder interno de los barones del Partido Popular resulta más «de boquilla» que real. Ninguno pasa la frontera de su autonomía, suele ser un perfecto desconocido para el resto de los españoles y siempre está en franca desventaja con el aparato que funciona en Madrid. El líder de Ciudadanos desde su fundación -antes Rivera y ahora Arrimadas- siempre ha tenido que «demostrar» y nunca ha acabado de hacerlo. Rivera dilapidó su carisma de fundador en una lucha absurda por desbancar al Partido Popular de la jefatura de la oposición y Arrimadas despilfarró su gran capital en Cataluña y se vino a Madrid quedando en la más absoluta indigencia política. Ahora que tanto se habla de cambios de sedes y hasta de disoluciones y que las deserciones proliferan, hay que recordar que la opacidad de las situaciones internas de los partidos es absoluta y que los movimientos son importantes por cuanto desestabilizan a quienes tienen que tomar decisiones que atañen a todos los ciudadanos. Cuando el jefe de un partido tiene que estar más atento a conservar su silla y a ganarse diariamente el beneplácito de sus bases, se produce una situación indeseable y lo normal es que desatienda menesteres que, externos a su formación, resultan vitales para el ciudadano y para el propio devenir político de la nación.

Jesús Domingo Martínez. Málaga