Después de un año y medio de pandemia no se puede decir que la situación esté para tirar cohetes, que se lo digan a China, que ha terminado con los restos del suyo desperdigados por todo el planeta sin más recorrido que el fracaso y las reprimendas. Últimamente sólo nos fijamos en la exportación de problemas, las soluciones no importan, será que nos sobran.

En España lo que por lo visto sobraba era el Estado de Alarma que terminó este pasado domingo, pero eso ha generado más alarma todavía tras ver cómo la gente confundía el fin de unas medidas de control con el descontrol sin medida. Demasiadas semanas retorciendo la palabra libertad, tergiversando su significado, apropiándoselo y adaptándolo a un programa electoral tan vacío que cabía todo lo que uno pudiera imaginar, si no hay nada vale todo -debieron pensar muchos- y además sin comprometerse a nada, el truco es bueno, hay que reconocerlo, gente celebrando la victoria sin saber qué ha ganado, tiempos modernos.

Pasan los días que nos van llevando a un verano que necesitamos más que agua de mayo, un verano que ha de erigirse como salvavidas de la economía y de las familias, pero vamos caminando por atajos que nos alejan cuando más cerca estábamos. El número de vacunaciones va batiendo récords cada día igual que la estupidez que las vuelve inútiles, lo mismo se debería vacunar primero a los más idiotas, que no es población de riesgo pero es la que pone en riesgo a toda la población, lo que no sé es si tenemos tantas dosis disponibles. Ojalá no terminen nuestras expectativas de mejora lanzadas al cielo de la esperanza como los restos del cohete Long March 5B y se incineren durante su reingreso a la realidad cayendo desperdigadas por el vasto páramo del olvido y lo imposible y consigamos, si no remontar el vuelo, al menos caer de pie.