Con esto de la modernidad, el avance social y la supuesta ganancia en calidad de vida que busca la sociedad, se suceden multitud de situaciones que son, con total seguridad, un verdadero despropósito y consiguen todo lo contrario.

Hace unas semanas, escribía aquí mismo al respecto de las bicicletas, los patinetes y el mundo eco en el ámbito de la movilidad y su compleja implantación en una ciudad como Málaga. Llamé bicicleters a los usuarios de bicicletas -especialmente a los que lo hacen con orgullo- y recibí palos por todos lados. El término en cuestión, sin la más mínima intencionalidad negativa y haciendo únicamente alusión a Morera y su cuarteto gaditano, resultó ser la mecha que enciende el candil sobre algo de lo que realmente se ha avanzado poco en nuestra ciudad.

El munícipe por antonomasia y su equipo no han sabido dar respuesta ni solución a la petición de los ciclistas que, en la ciudad, se ve que no tienen el espacio que precisan. Loable petición como también lo es, aunque sin cochefestación, la que padecen los usuarios de automóviles en Málaga a diario.

Aún así, hace días se estaba pintando en el ya estrecho paseo marítimo del este un carril bici para que discurran tranquilamente los biciclistas. Una cesión del espacio en un lugar ya apelotonado y que, al instante, recibía la respuesta por parte de Ruedas recondas que tildaba la medida de «totalmente insuficiente». Tápate y suda, Maribel.

Resulta que Málaga roza el colapso en situaciones normales con decenas de miles de coches donde un viaje enorme de gente pierde horas -literales- cada día para moverse, llegar a casa, trabajar y desplazarse. Resulta, que aún así, se detiene el mundo para implantar un carril especial de bicicletas en el paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso que monta follones de tráfico con caravanas desde Urbanismo hasta el Parque San Antonio cada dos por tres. Pero es totalmente insuficiente según Ruedas redondas.

Aún así, todo es loable. Realmente la cuestión no es que los bicicleters no consigan su objetivo, sino que los Vehículers no alcen la voz ante tan magno despropósito.

Y es que, buscar el más mínimo atisbo entre usuarios de bicicletas y de vehículos a motor es, además de propio de poco avispados, un error conceptual bastante importante.

Los problemas graves de Málaga no son los que las minorías gritan. Son los que la mayoría calla y otorga. Y con la circulación, como con muchas otras cuestiones en nuestro país, se premia al que grita para que calle en vez de atender a los que lamentan en silencio la mala situación en la que viven.

No tiene sentido que desde el ayuntamiento se trabaje tanto en algo tan discreto como el grupo de usuarios de bicicleta pues, en comparación con el de automóviles y motocicletas está a años luz.

Quizá haya que pedir compasión. Incluso perdón. Pero son -somos- muchos los usuarios de vehículos. De los que se arrancan con una llave o un pedal. De los que consumen Diésel -o gasolina- que reporta pingües beneficios en impuestos para el bien común. De los que pagan seguros -que también mueven un mercado del que vive tela de gente-. De los que pagan impuestos y tasas municipales y estatales. De los que, incluso, pagan carreteras y peajes sin rechistar. Y así seguirán haciéndolo. Pero incluso así, en nuestra ciudad se roba un pedazo del paseo marítimo para poner un carril bici.

¿Has visto alguna vez la máquina que cuenta vehículos en una calle? El clásico cordón, que acaba en una cajita y contabiliza los coches y motos que pasan por allí. Esos datos son útiles para valorar muchas cosas: implantación de semáforos, velocidad, pasos de cebra, etc.

¿Alguien ha contabilizado las bicicletas que han pasado en este tiempo por los carriles bici? ¿Alguien ha tenido la delicadeza de comparar, con el mayor de los respetos, la exagerada diferencia con cualquier otro medio de transporte en comparación con los vehículos a motor?

Es de locos llegar a asumir sin la más mínima perdida de compostura la figura irreal planteada por el ayuntamiento donde, siendo mayoría, se trata a los usuarios de coches y motos con la punta del pie. Poniendo zona azul hasta en los lugares más recónditos, con buenos impuestos municipales, con la subida de los combustibles -eso no es culpa de Málaga- y con el dedo acusador de una sociedad que avanza descontrolada hasta la irrealidad para determinar el bien y el mal desde una atalaya ridícula de valores.

No eres mejor por ir en bicicleta al trabajo de la misma manera que no eres peor por hacerlo en coche. Por tanto, es obligación de los que administran las ciudades implantar sistemas que contribuyan al bien común. Un bien que pasa por mejorar la vida de la mayoría sin olvidar nunca a las minorías.

Por eso, cuando lees que Ruedas redondas tacha de totalmente insuficiente la última medida de darles un carril bici en el paseo marítimo, con la insostenible declaración de que lamentaban que se afectara a los peatones “por no querer molestar al coche”.

¿Pero este señor dónde vive? ¿En Ámsterdam o en Málaga? ¿De qué está lleno un lunes a las 08:30 el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso? Yo se lo digo: de coches. Lo que más. Como todas las grandes vías de la ciudad. ¿Y de lo que menos? De bicicletas. Pero aún así tienen la capacidad de protestar cuando se les otorga una solución basada única y exclusivamente a atender protestas de minorías. «Málaga is not Bikefriendly Healthy and Safe». Esto dice la asociación en sus redes sociales. Claro que sí. Y yo me llamo Andrés.

Tiene tarea la cosa. Ruedas redondas, pero en algunos casos, cabezas cuadradas.

No pasa nada. Una bicifestación más y que se prohíban los coches. Ya está bien de tantas concesiones al vehiculopatriarcado de cochas, cochos y coches.

Viva Málaga.