Pasan demasiadas cosas seguidas y a la vez, y complejas y confusas y nos las cuentan muy rápido todas, o de pasada, o apenas nada. Es difícil seguir el hilo al mundo que se está deshilachando por todas partes, no da siquiera tiempo a veces a enterarse de que no se sabe nada de lo que está pasando y muchos creen por el contrario saberlo todo. Quizás lo sepan, no les envidio.

No me cabe en la cabeza tanta seguridad con tan poca información, o con tanta información deformada, sesgada, nutrida de ideología, eslóganes y falacias vestidas de axiomas. Sólo me cabe la duda, que me acompaña como un perro guía que me lleva a dar vueltas por lo que sucede sin encontrarle el sentido ni la salida.

Pero mucha gente, como digo, si es que uno se fía de lo que ve por la tele o en las redes, parece saberlo todo a la vez que ocurre, no sólo lo que pasa, sino también lo que debería suceder y qué lo impide.

Me pregunto si les pasa igual en su vida, en el día a día, y si están igual de seguros cuando son ellos los protagonistas y si siempre saben qué decir a sus hijos o a un amigo y gestionan todos sus problemas cotidianos con tanta seguridad y solvencia como arreglan y comprenden el mundo o si acaso es al contrario y es esa su forma de compensarlo.

No sé, a medida que pasan los años va perdiendo fuerza mi capacidad de opinar y respondo sin complejos -y si me preguntan- que no sé. Y si insisten, porque algunos no se conforman nunca con la duda o la ignorancia, entonces llevo el debate a los principios, que es lo único de lo que estoy seguro, y no, yo no entiendo cómo se puede defender matar niños como un mal menor.