En buena parte del mundo no hay otras vacunas que no sean las de AstraZeneca y de Janssen. El exceso de precaución se ha convertido en rechazo por parte de algunos países en África. Vuelve el fantasma de que Occidente manda hacia el sur remedios de clase B. Las consecuencias pueden ser nefastas allí donde no hay alternativa a estas vacunas. En la carrera contra el virus, detener la vacunación supone favorecer el desarrollo de nuevas variables.