El papa Francisco clamaba el domingo, 16 de mayo, por la paz en Tierra Santa. Como le sucede a tanta gente de bien, en todo el mundo, el Papa reconocía que está siguiendo con grandísima preocupación lo que estaba sucediendo en esas tierras esos días, con los violentos choques armados en la franja de Gaza y en Israel, que se multiplicaban y corrían el riesgo de degenerar en una espiral de muerte y destrucción.   Numerosas personas han sido heridas y muchos inocentes han muerto, entre ellos niños, en esos días. Como subrayaba Francisco, el aumento del odio y de la violencia es una herida grave a la fraternidad y a la convivencia pacífica entre los ciudadanos, y será difícil pararlos si no se abre inmediatamente la vía del diálogo.