El domingo, 13 los socialistas andaluces entran en capilla. Tendrán que decidir en primarias quien gobernará al PSOE-A y ser el candidato para recuperar la Presidencia de la Junta en manos de la derecha por su pacto con Ciudadanos y con la ultraderecha de Vox. Dos retos hartamente complicados y difíciles porque Moreno Bonilla, a tenor de lo que dicen las encuestas, podría seguir en el Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz, si bien con los mercantilistas votos de la ultraderecha, representada por Santiago Abascal con Vox colgada del pecho. Digo, pues, que Susana Díaz y Juan Espadas, los dos con más posibilidades de salir elegidos, habrán de imponerse la dura tarea de que los cuatrocientos mil votos del PSOE que se quedaron en casa vuelvan a las urnas. Todo lo demás es música celestial. Por eso me extraña que en la matadora campaña electoral, los dos candidatos hayan entrado de puntillas en tan escabroso asunto, sin propuestas suficientes de cómo motivar a estos votantes que son los que darían la victoria a la izquierda, o sea, al PSOE de Andalucía. Sorprende, y no poco, que con lo que está cayendo en el PP, y lo que te rondaré morena, la derecha ande ufana, sacando pecho, mientras que los socialistas andan lamiéndose las heridas por las esquinas. El PSOE, y tiene motivos para ello, debe recuperar su autoestima, imprescindible para su presente y futuro. Los socialistas tienen que aprender a mirar de frente, a los ojos, sin vergüenza, con la cabeza alta porque han sido los valederos de la transformación de Andalucía, ERE incluidos.

De los candidatos que confrontan, Susana, Espadas y Hierro para conseguir el mayoritario apoyo de los cerca de cincuenta mil militantes y votantes del PSOE tienen que atarse los machos y fajarse con el nada desdeñable reto de recuperar la autoestima y provocar que la abstención a la izquierda sea recuerdo de una mala noche. Hay visiones muy diferenciadas y, por tanto, suficientes para inclinar su voto a uno u otro lado. Susana Díaz, con la experiencia que le da tantos años de dirigir el PSOE, ha tocado la fibra sensible de la militancia con fuerza, coraje y capacidad de convocar a quienes creen en esta política, todoterreno, capaz de sobreponerse a zancadillas, de dentro y de fuera de su partido, cercada por quienes hasta hace unos días eran devotos confesados, militando en el ‘susanismo’. La fortaleza mental de Susana Díaz bien merece una segunda oportunidad. Cuando repaso acreditados nombres, casi todos ellos deudores de Susana Díaz y que no ha poco alababan la capacidad de gobierno y gestión de la que fuera presidenta de la Junta entro en fase de perplejidad, consustancial en mi mente y pensamiento desde hace ya mucho tiempo y no sólo por lo que sucede en el PSOE, sino en esta derecha que transita desde hace años en un pudridero.

Si Susana Díaz es fuerza y acreditada capacidad para poder resurgir de sus cenizas (perdió, pero ganó las pasadas elecciones andaluzas) enfrente tiene a Juan Espadas que, ni chicha ni limoná, se debate en el eterno complejo que le sitúa como candidato apoyado por la Ejecutiva Federal, o sea por Pedro Sánchez. Este es un dato no menor e inconvertible que mella su acreditada capacidad como político dialogante, con capacidad para suscribir pactos a la izquierda y a la derecha. Con perdón, me cuesta trabajo y no poca reticencia pensar que pudiera hacerlo con los anticapitalistas representados por Teresa Rodríguez, si es que tienen representación, que parece que no. Juan Espadas, sin alzar la voz, sin levantar vuelo, camina como quien está convencido de que el demostrado apoyo de Ferraz (sede del PSOE) le fuera más que suficiente para ganar. Espadas, cuenta, eso sí, con la larga pléyade de los crecidos damnificados de Susana Díaz y su implacable capacidad para crearse enemigos y cercar a los muertos vivientes que ahora se acercan a Espadas en el suspiro final de su carrera política. La larga lista de los que apoyan a Espadas me recuerda al cementerio de elefantes. Fueron, pero ya no son. Incluso tengo mis dudas de que muchos de los militantes jóvenes tengan memorizados sus nombres.

Dicho lo cual, si tuviera o pudiera votar, lo haría por Susana Díaz. Me agrada y me atrae quien tiene en sus genes la lucha y la pelea, pese a que haya ejercido una oposición demasiada blanda cuando hay materia más que suficiente para vigilar y controlar a la derecha, con la ultraderecha de permanente vigilante. Que ahora quiera seguir en la batalla, que piense que puede ganar y volver a San Telmo, con capacidad para movilizar a quienes militan en la abstención bien merece una nueva oportunidad. Ella conoce como nadie el partido de los socialistas andaluces y sabe de puñaladas traperas, más de las que era de esperar y por tener un proyecto para Andalucía bien merece una nueva oportunidad. Lo que sí ha sorprendido, a propios y ajenos es el coraje y la fortaleza de Susana Díaz, sin bajar la guardia, tensionando la campaña. Puede que aquí esté la clave de su futuro.