Los emperadores romanos llevaban en los grandes desfiles al lado a un soplón que les iba susurrando al oído mientras la masa los aclamaba: «Recuerda que eres mortal». O al menos, eso nos decían los libros de texto. Susana Díaz llevará treinta y tantas horas oyendo de alguien: recuerda que hay vida después de la política. Lo ha despedido. No está dispuesta a comprobarlo de inmediato. No optará a la secretaría general del PSOE andaluz, pero para el congreso quedan meses y queda también el temor entre sus contrarios de que tome determinadas decisiones por su cuenta. No se va. Se abre la batalla por la alcaldía de Sevilla. Se abre la batalla, entre mortales, por la secretaría provincial del PSOE malagueño. Las huestes del susanismo no saben si reconvertirse a lo nuevo, resistir, constituir un sector crítico o fundar una tertulia. El PSOE malagueño, la oficialidad, apuesta por marcar perfil propio dentro de la organización regional, aunque esto último es una cantinela repetida muchas veces, incumplidas todas. En Málaga ganó Susana Díaz, lo cual provocaba el sesgo cachondón de un veterano: «Podrían situarla como candidata a presidir la Diputación». En cualquier caso, ganó la renovación, dado que la suma de espadistas y votantes de Hierro, el tercero en discordia, supera a los votos obtenidos por Susana Díaz.

Si Málaga saca mucho pecho de provincia susanista, logrará más que autonomía, la postergación/etiquetación de provincia díscola. Espadas se dispone a promover cambios de calado en todos los niveles, una limpia del susanismo o susanidad. Los menos señalados y con cargo se harán el muerto para seguir vivos después de esta batalla. Cuanto más tarde las elecciones autonómicas más tiempo tendrá el alcalde de Sevilla de transformar el partido, pero también es cierto que si se precipitan tiene una ocasión de acelerar la renovación.

Los Astérix del susanismo malagueño tratarán de fastidiar los planes de los conversos al espadismo, lo cual provocará diversión al espectador político, más división en el socialismo provincial e inclusive cambio de caras en algunas instancias.