Observo como demonizan a la juventud a raíz de los brotes de Mallorca. Para empezar, deberíamos pedir cuentas a los padres. Y a los organizadores, hoteles, etc. En segundo lugar: ¿qué mozalbete de diecisiete, dieciocho o menos es capaz de resistir la llamada interior, el furor, las ganas de vivir, cuando se plantea uno de esos viajes de fin de estudios que recordaremos toda la vida? Desde luego que este no se les va a olvidar, aunque tampoco se les veía mal, a los que se les veía, asomados en los balcones de las habitaciones observando curiosos la curiosidad ajena. La juventud está harta. La madurez también. Cada cual lo expresa de una forma. Lo insensato es lo letal, en el caso del covid. No necesariamente lo joven ni los viajes. Lo insensato. Lo imprudente. Como quitarse mascarillas en interiores. Seamos más cautos. Con el virus y a la hora de enjuiciar a quienes tienen la vida por delante, que son nuestros hijos y nietos. Nuestro futuro es suyo. O así debería ser.