Con tantas novedades en el PSOE se ve aún más antigua a Susana Díaz. Todo lo que como segundo del partido prometió Ábalos a los que se convirtieran al espadismo queda en el aire. Desbaratado. No necesariamente sin apoyo, pero viejuno también. Y eso afecta a Málaga. Sánchez tenía secuestrado al PSOE. Ahora afloja el dogal, lo reconcilia, justo cuando la pelea es más fiera en Andalucía. Muchos de los que exhibían más el cartel de sanchista que la barriga o el DNI, quedan en etiqueta vieja también, dado que el propio Sánchez medio liquida esa calificacióin al reconciliarse con los pachilopistas, rubalcabos, felipistas y hasta pages y demás familias.

En el PSOE andaluz, los dos fontaneros por excelencia sueñan con el borrado de etiquetas, background y pasados. Para seguir en el candelero. O, al menos, para continuar pisando Parlamento hasta que la cosa amaine. Pero las represalias ya han comenzado. Y las degradaciones. Juan Espadas se reunirá hoy con la ejecutiva provincial malagueña: recibirá palmaditas en la espalda de muchos que decían de él que era un soso sin posibilidades. Como a Espadas le sigan haciendo esta ronda de besamanos se le va a poner cara de Papa de Roma. Los más frikis ya están buscando hotel en Valencia para el congreso federal de otoño. Las mejores habitaciones son las que tienen vistas a un cargo.

Por lo demás, la crisis deja un reguero de aforismos interesantes oídos estos días por el cronista: «Ser ministro ni se pide ni se rechaza». «Lo peor de ser ministro es dejar de serlo». Ninguno supera al eterno y empleado en tantas ocasiones: se va a enterar ahora éste. Siendo éste un término polivalente que designa a muy distinta gente en muy variada ocasión.

Tortas por los dos puestos de senador (designación autonómica) que aún pueden quedar libres. El PSOE muda la piel pero es un partido en el que sobran dermatólogos. Se adaptan rápido a la nueva textura. A las pieles vencedoras.