El operativo policial contra el botellón se extenderá a los jueves. La autoridad es así de sagaz: ve botellas y dice «aquí han bebido». Nuestro ayuntamiento ha despertado a una gran realidad: los jueves se pimpla. La peña joven le da al mollate en la calle no solo en fin de semana. Esto va a ser que un concejal ha decidido darse una vuelta a la caída de la tarde un día que no era viernes ni sábado, un viceviernes, un jueves. Y, «oye, qué están bebiendo», iría corriendo a decirle a su director de área o al adjunto segundo del plan antibotellones C del negociado cuatro.

Los botellones son fuente de contagio, pero cuando no había virus también eran un problema. Sobre todo para el que no tenía la suerte de ser invitado a uno. Beber en la calle es un placer, pero solo es legal hacerlo sentado. El botellón conllevaba mucho ruido y jaleo y por eso se prohibió en muchas zonas. Bien. Ahora, confinado en los extrarradios, tampoco se le deja en paz. Nadie quiere que su hijo haga botellón, pero casi nadie puede darle ocho euros para una copa en un bar. Ha de primar el descanso de los vecinos, aunque el descanso del hostelero es que solo se beba en su establecimiento. El peligro del botellón ahora no es solo la embriaguez. También que no se lleve mascarilla ni distancia de seguridad. El joven se cree tan inmortal que ni siquiera cree que pueda herirle el sablazo que le metan por una botella de ginebra.

El Plan Movida, afirman desde el Ayuntamiento de Málaga, va sobre todo contra grupos de franceses formados por unas cuarenta personas que a veces se congregan por la zona de Antonio Martín. Desde luego, con lo acostumbrados que estábamos a que los borrachuzos nos cantaran el ‘Asturias patria querida’, que tostón debe ser ‘La Marsellesa’ a las tres de la madrugada. Con acento nasal. Los que nos colocaron a Pepe Botella siguen con sus costumbres invasora-etílicas. Pero el Consistorio tiene un plan. Esperemos que consista en fastidiarles la fiesta un poco, aunque ellos lo que quieren es que les dejen dormir la resaca.