Entretanto los contagios se disparan en la provincia (2.950 nuevos casos y cinco fallecidos) tras un fin de semana más que turbador, para buscar cobijo me dirijo con Umberto Eco a su ‘Isla del día de antes’. El escritor italiano me narra cómo emergió en el siglo XVII toda una contienda internacional por conquistar un método que definitivamente lograra calcular la longitud. España, Francia, Inglaterra, Holanda y Portugal, con las ardides del espionaje, se disputaban el gran descubrimiento: la nación que lo lograra se convertiría en la primera potencia marina del orbe. Mientras delimitar la latitud era posible gracias a la posición del sol y las estrellas -junto con el astrolabio -, el indescifrable enigma partía de la inexistencia de tecnología que posibilitara hallar la longitud y, por ende, los meridianos terrestres. Esta contrariedad geográfica recibió el nombre de problema del ‘punto fijo’. Inmersos ya en lo que algunos denominan ‘la segunda transformación de la era moderna de Málaga’, el colosal Plan Málaga Litoral propone el soterramiento del tráfico desde el Muelle de Heredia hasta el Miramar. Sin duda, una iniciativa ambiciosa que sigue el modelo de las grandes urbes portuarias y que trasfiguraría la ciudad preparándola para su anhelada aspiración de ser una gran capital europea. Sin embargo, la cuestión es: ¿Dónde se encuentra el problema del ‘punto fijo’ en nuestra particular ínsula (Málaga) del día de antes? Los proyectos a medio y largo plazo son activos de una ciudad dinámica y en constante evolución para proyectar su devenir; esta obra configuraría nuestro ansiado meridiano. No obstante, si hablamos de futuro tenemos que retornar a nuestra latitud pasada: Urbanismo construirá ‘sí o sí’ un inmueble en el suelo del Astoria «ligado bien a la cultura bien a la innovación». De nuevo, otra intriga en esta isleta del día de después ¿Cómo se puede levantar un edificio sobre un yacimiento arqueológico valioso y acreditado sin herirlo?