Por alguna razón que aún se desconoce, la cultura en Málaga se ha convertido en un elemento tratado como cualquier otro negocio. Similar incluso a la hostelería. Se entiende que, como el negocio de los museos franquicia ha funcionado, el resto también deben comportarse de la siguiente manera.

Así, el museo que alberga el patrimonio municipal va camino de pasar a mejor vida. Pistas hay muchas desde que, allá por enero del 21, se cargaran a su director para gestionarlo «ellos mismos» bajo una entelequia que pocos conocen.

Pocas cosas han sucedido más torpes en esta ciudad que la de eliminar de un cargo así a alguien tan notable, brillante y necesario como es Elías de Mateo. Uno de los perfiles más honestos, con una carrera digna de mención y unos conocimientos de Málaga y su cultura patrimonial e histórica que jamás alcanzarán ninguno de los que ahora manosean esas salas allá por la Coracha.

Cosas más raras se han visto. O así reza el dicho. Pero más raro que quitar a Elías de Mateo del MUPAM he visto yo pocas. No pasa nada. Es cuestión de tiempo. Y lo bueno de estos asuntos es que, antes o después -todo apunta a antes-, acabarán marchando y lo que hoy aparenta interés mañana volverá a ser la nada. Pero Elías seguirá ahí. Queriendo y enriqueciendo a nuestra ciudad desde su humilde atalaya culta y sensata.

Era pues ése el primer paso para cargarse todo aquello. Pandemia mediante, vino a posteriori esa ridícula acción de entregarle salas al CAC -privée- e ir poco a poco aportando poquísimo a todo el conjunto cultural.

El resultado solamente tiene dos explicaciones: la más lógica sería que pretenden hundir para justificar el expolio posterior y revender aquello a privados de alguna manera. Malvado, pero con sentido. La segunda opción, y más lamentable, iría encaminada a que el MUPAM tenga en sus resultados actuales el fruto de la nueva gestión. Cosa que asustaría al miedo por estar enclenque, sin valor expositivo temporal y con poca chicha.

Así, a día de hoy nadie esconde el interés por reconvertir lo municipal por lo privado y dar la patada a los Pedro de Mena para colocar exposiciones privadas. Raro. Tanto o más que adjudicar, a sabiendas de lo que se quiere hacer, un trabajo de renovación museográfica si lo que se acabará haciendo es encasquetar paquetes ya hechos que pasan por mil salas previamente.

Pero lo más doloroso es que quieren cargarse una colección unida y ensamblada -selección de miles de obras- para que acabe en almacenes o, peor aún, desperdigadas entre dependencias municipales.

Error mayúsculo al no entender que, la selección allí expuesta, es el eje del tiempo de nuestra cultura. Con Pedro de Mena, Moreno Carbonero u Horacio Lengo en unas salas recónditas que, por obligación deben existir. Por fuerza. Por necesidad. Por el artículo treinta y tres. Por protegerlos y por protegernos. Es Málaga y su historia, en definitiva. Y no puede despreciarse de esa manera.

Por eso no hay más remedio que luchar para impedir que explote por los aires.

Y es que, ante situaciones así, quizá desde el propio consistorio -los que mandan en el cogobierno-, se debería retener de la manera que fuera esa colección para que no se rompa y cambie por cultura de saldo -ya sea barata o cara-. No es de recibo y nos deja huérfanos de un elemento de obligatoriedad en cualquier ciudad.

Los fantásticos museos Ruso o Thyssen puede volar como palomas gráciles y fugaces cuando menos lo esperes. Y será una pena desgraciada. Pero nunca habrán conseguido lo que éstos: ser nuestros de verdad.

Por eso no se entiende de manera alguna que se quiera realizar tal tropelía. Porque todo no es, ni puede ser, analizado bajo el criterio de la mercadotecnia. No toda la cultura puede ser así. Y para eso está lo público y el dinero de todos. Para la protección de nuestro patrimonio cultural.

Y pretenden hacer todo lo contrario. Con lo de todos, pegar la patada a lo nuestro y meter al privado. Y eso, salvo en contratos menores de coleguis, no puede tener cabida en el patrimonio artístico malagueño.

Es tiempo de reflexionar pues, de lo contrario, costará aún más dinero volver a poner todo en su sitio amén de que se transmitirá un mensaje tan erróneo como injusto.

A lo mejor Blanco Coris o Benlliure no son tan comerciales como una temporal del CAC. Y por eso mismo, tenemos el fantástico Centro de Arte Contemporáneo.

Jugar a cosas sin saber es divertido porque no se advierten los problemas y riesgos. De siempre. De toda la vida. Quienes peor lo pasan son los que piensan mucho en los movimientos que van a realizar. Viven en una continua agonía ante el miedo que supone no conseguir lo mejor.

Arriesgar es bueno para algunas cosas. Pero no creo que el patrimonio artístico que Málaga lleva cuidando y exponiendo durante siglos sea la pieza con la que experimentar. Para eso está el Quimicefa. Pero el MUPAM no puede ser el Museonova con el que aprendas a gestionar centros culturales. Cuidado. Que por el camino te puedes cargar un legado de siglos.

Seguro que quienes trabajan en esta historia poco acertada saben que, en el momento en el que separas piezas, éstas inician un camino que concluye con su extravío o destrucción. Por eso no es bueno olvidar nunca que no se debe tocar lo que no se entiende.

Y el MUPAM no se toca. Respeten lo más elemental del patrimonio artístico de nuestra ciudad. Por el bien de todos.

Viva Málaga.