El proyecto de ley de “Memoria Democrática” se encuentra en la línea de salida para ser sometida a debate parlamentario a la vuelta del periodo vacacional, que espero disfruten ustedes. El superministro Félix Bolaños, hombre fuerte de Pedro Sánchez, ha sido el encargado de poner al día el que parece último legado de la exvicepresidenta Carmen Calvo a la democracia española. El principal sujeto activo de toda la desembocadura legal de la citada “Memoria” es la víctima de la Guerra Civil española y de la posterior dictadura de Francisco Franco.

De momento, habrá que reparar la dignidad, en la medida de lo posible, de todas las víctimas mortales fueran de cualquiera de los dos bandos en “matanza fraternal”, y de todos aquellos que sufrieron una cruel represión durante los diez años posteriores a finalizada la guerra civil.

Si todo lo que acaeció durante el franquismo (1939-1978) fue cruel y funesto, también habrá que entender como “víctimas pasivas” a todos los españoles que, durante el periodo posterior, fuimos meros espectadores del devenir franquista y sufrimos la merma de la libertad; habría que salvar de esta muchedumbre a unos pocos comunistas que, mejor o peor, plantaron cara al dictador, porque el resto, incluido el socialismo, disfrutó de unos treinta años de vacaciones políticas.

Por extrañas circunstancias, que algún día serán narradas, tuve el honor en el año 1977 de ser diputado electo por UCD en la provincia de Málaga; hecho que supuso ser testigo presencial del debate constitucional y votante de la Ley de Amnistía del año anteriormente mencionado.

Bienvenida esta “Memoria Democrática” a otro nuevo intento de reconciliación entre hermanos que no llega a producirse del todo; tal vez se deba a la “Memoria de la Mesa de Camilla” transmitida con un cierto odio de generación en generación.