Cuántas veces hemos oído la frase: «Las madres siempre tienen razón». En el caso de Youssou Ndoye, posiblemente el próximo center de Unicaja, es realmente cierto. Su madre, Penda, fue internacional con la selección de Senegal y varias veces campeona de África. Desde niño su madre le pedía que cogiera el balón naranja pero el pequeño Ndoye no estaba por la labor. Le decía a sus padres que iba a jugar al baloncesto y en su lugar se dedicaba a jugar al fútbol con sus amigos en los campos de tierra de Dakar. Para no despertar sospechas en sus padres antes de volver a casa pasaba por casa de uno de sus amigos para ducharse y llegar a casa sin rastros de la tierra. De vivir en un barrio más tranquilo es posible que Ndoye nunca fuera jugador de baloncesto pero a los 17 años sus padres le matricularon en la Seeds Academy para alejarlo de las calles de su barrio y allí le pico el gusanillo del baloncesto. Un año después ya participaba en un campus en Sudáfrica con Dirk Nowitzki y 10 años más tarde se convertía en candidato al MVP de la Jeep Élite francesa.

Su llegada tardía al juego no ha lastrado su evolución, o eso al menos le contaba a Alex Lacoste en BeBasket.fr. «No hubiera tenido el mismo deseo en convertirme en el mejor de empezar antes. Cuando vi que en Seeds Academy todos juegan bien, quise ser el mejor». Entrenaba a todas horas. Iba a correr por las mañanas antes de ir a clase, hacía media hora de entrenamiento antes del almuerzo y se quedaba por la noche después de las sesiones del equipo. En Seeds le llegó la oportunidad de cruzar el charco y viajar a Maine. Allí en la escuela secundaria de Lee siguió mejorando, de ahí a la universidad y a pesar de no haber sido elegido en el draft de la NBA, acabó en el roster de las ligas de verano de San Antonio. Allí, en su último año de carrera, Tim Duncan decidió apadrinarlo y hacía sesiones en solitario con él. Incluso quedaban para ir juntos a la piscina. No encontró un lugar en el roster de las espuelas pero fue reclamado por el equipo tejano de la liga de desarrollo. Allí coincidió con Edy Tavares, el center del Real Madrid. Esta coincidencia le obligó a jugar muchos partidos de ‘4’ porque su entrenador quería contar con sus «torres gemelas» en cancha.

El siguiente paso en su carrera define su personalidad y su apego a la familia. Dispuesto a dar el salto a Europa, tenía varias ofertas de las primeras divisiones europeas y eligió la única de segunda división. El ahora potente JL Bourg buscaba ascender y aconsejado por el ex ACB, Stephane Dumas, asistente de la selección de Senegal, y su madre, que quería que jugara cerca de su hermano Mohammed, que entonces lo hacia en Burdeos, aceptó el reto de la segunda división francesa. A partir de ahí la historia es conocida: Ascenso, una gran temporada en Nanterre y llegada a la ACB de la mano de Juanma Rodríguez y el Betis.

A sus 30 años no deja de trabajar en su mejora individual. «Trabajo en mejorar mi tiro de media distancia. En el baloncesto moderno, si no puedes anotar, penalizas a tu equipo. Nunca me he cogido tres semanas de vacaciones completas». Con sólo 13 años de baloncesto en sus piernas parece que sus mejores años están por llegar. Unicaja puede dar fe de ello, su mejor anotación la pasada temporada fue ante los verdes el 29 de diciembre de 2020. Anotó 25 puntos.

La pandemia ha demostrado además su cara más solidaria. Hace unos meses respondió a la llamada del presidente de su país, Macky Sall, comprando 50 toneladas de arroz, 50 toneladas de azúcar, 1.000 litros de aceite, 500 botellas de gel antiséptico y 500 cajas de jabón líquido. Más de 15.000 euros de ayuda a sus compatriotas para luchar contra la COVID-19. Su fichaje, como adelantó en este periódico Emilio Fernández, parece inminente. Unicaja no sólo adquiere un 5 duro y físico que completa su equipo sino también un jugador que mira por su comunidad. Suerte y poneos la mascarilla.