Juanma había accedido a trasladarse a Génova para que Pablo no utilizara su negativa como una carta más. Que no quede por eso, se dijo, y AVE con Elías a la capital. Además, aprovecho para otra gestión discreta. Las relaciones se complican progresivamente. El caso de la presidenta de Sevilla fue el último y el más sonado pero, entretanto, había pataditas diarias en las espinillas por debajo de la mesa. El control de las ejecutivas es fundamental, yo solo tengo Málaga, en las demás, «listas de integración», es decir, Madrid, aunque con muchos matices. La verdad es que Teo juega bien, pero es que aquí tenemos de secretaria general a Loles, es decir, que no se nota, y entonces tiene que ser Elías el que se emplee y, claro, algunos presidentes provinciales dicen que qué es eso de un presidente de una provincia impartiendo órdenes a otro presidente de otra provincia. Somos así, es nuestro ADN.

Juanma no dejaba de mirar por la ventanilla, Elías el móvil. Los recuerdos del pasado político más reciente se le agolpaban, sobre todo desde noviembre de 2018, la noche electoral de Andalucía. Juan Ignacio se había ido a Madrid, a la sede central, junto a Pablo, para anunciar una gestora en Andalucía cuando perdiera él, y perdió, claro que perdió, unos doscientos mil votos en la Comunidad -casi un millón en diez años, ¿cuántos de Javier?-, pero sumaba con Ciudadanos y Vox, aunque el PSOE ganara las elecciones con poco más de un millón de papeletas. Cosas de la vida. Y Juan Ignacio volvió a Sevilla, saludando a diestro y siniestro, como suele, eso sí, pero no hubo nada. Desde entonces, ¡cuántas cosas!

Elías se había quedado traspuesto, con el móvil en la mano, un escolta se había dado cuenta desde el pasillo. El agua se tambaleaba desde la mesa abatible y el paisaje pasaba raudo y borroso ante su vista inmóvil.

Ahora ya no está Susana sino Juan. Él pensaba que Pedro se propuso acabar con esta mujer y ya tenía su cabeza cogida de los pelos, como un triunfo, ¿ahora le tocaba a Pablo conmigo?, Juan dejará la nave sin rumbo de Ciudadanos y se vendrá con nosotros, Teresa arribará a Cádiz con su Kichi, en fin, cada uno se busca la vida como puede. Y lo del partido en Ceuta con Santiago no tiene nombre, le ha suministrado munición, pero la patada me la dan a mí, ahora que… si no hay presupuestos, vamos a elecciones anticipadas, y pronto. Se acabó.

Estaban a punto de llegar a Atocha, la marcha menguaba. Se deslizaban por encima de la A-4, hacía unos minutos que dejaron atrás Parla.

Que no se crea que me voy a quedar quieto -Elías despertó-, no solo perdí el comité de Sevilla, sino que me han quitado el portavoz municipal y me han nombrado un candidato, y faltan dos años, ni hablar, se lo voy a decir claramente. Claro, como él no gobierna nada, y hasta es peor valorado que Pedro en las encuestas, que ya es decir -y aunque el PP suba-, pues entonces arremete contra los que estamos al frente de gobiernos autonómicos, Alberto, Isabel y yo, cree que le podemos mover la silla, ¿es que, acaso, fue alguna vez suya?

Elías repasa ahora su famoso bloc de bolsillo en el que tiene escrita una frase muy acertada de Thomas Hobbes, «la competencia por alcanzar riquezas, honores, mando o cualquier otro poder lleva al antagonismo, a la enemistad y a la guerra». Y bebió un largo trago de su botellín de agua mientras Juanma le preguntaba si tenía idea de cómo quedaría el partido, ¿en Tokyo, dices?, y se rio. Los dos sabían que aquello era comida china, de sabor agridulce, tenían el gobierno, pero no todo el poder del partido.

-Ayer por la noche vi una serie de espías, la mejor de la televisión francesa, Oficina de infiltrados. Y aprendí cómo se engaña al polígrafo. Te explico. Hay dos clases de preguntas, las de control y las relevantes, en las primeras tienes que auto alterarte un poco para que en las claves parezcas normal. Pero es muy difícil, te lo advierto. Quieren saber nuestro juego.

William Shakespeare, hace ya mucho, escribió a propósito:

Cuando, infeliz, postrado

por el hombre y la suerte,

en mi triste destierro lloro

a solas conmigo,

y agito al sordo cielo mi grito

vano y fuerte,

y, volviendo a mirarme, mi

destino maldigo.