El primer claustro del curso comenzaba. El director ocupó su sitio en la cabecera de la mesa, después de recibir por teléfono las últimas consignas de la Delegación.

Buenos días, compañeras profesoras y compañeros profesores. Espero que hayáis tenido unas magníficas vacaciones. Porque este curso se espera mucho de nosotras, nosotros y nosotres. Como sabéis por la documentación que se os ha remitido, estos meses van a ser revolucionarios para casi tres millones de alumnos de 6 a 12 años, de Primaria, como consta en el currículo del que disponéis y donde también figuran los conceptos que vamos a trabajar: el bienestar del alumno, el sentido socioemocional, por ejemplo en Matemáticas, la perspectiva de igualdad… el objetivo es combatir actitudes negativas e ideas preconcebidas.

-Perdón, director. ¿Qué ideas preconcebidas? ¿Qué dos más dos son cuatro o que la tierra es redonda? -y como un gas que se inflamara en la sala, ocupada por casi treinta personas, se extendió un brusco murmullo con un acompañamiento de risas disimuladas-.

-¿Cómo dice, Ricardo? Viene usted muy moreno, quizá el sol le haya afectado también la sesera…

-Si usted me falta el respeto, sepa que tiene garantizado que yo también lo haga y no sé si en una medida proporcional.

-Vamos a ver, coño…

-Perdone, ese es un vocablo sexista…

-Voy a hacer como si no hubiera escuchado nada… Continúo. Debemos desarrollar las destrezas personales para reconocer las fuentes de estrés, pensar de forma crítica y creativa...

-¿Críticos también con el adoctrinamiento del Ministerio? -le espetó María Luisa desde el fondo y con voz grave-.

- Vaya, otra graciosa…

-¿Está usted hablando de familiares muy próximos? -le respondió la profesora sin mover un solo músculo facial tras sus palabras y con la mirada fija en él-.

- Se suspende el claustro -clamó el director de pie-. El acta de la reunión voy a remitirla inmediatamente a Delegación -recogió sus papeles y abandonó la estancia con su equipo, que no dejaba de mirar a quienes, ya levantados, hacían corros y comentaban lo sucedido en tan pocos minutos-.

-No ha estado mal para ser el primer día -sonrió Ricardo, en el centro de la piña humana que se había formado-. Ya saben que estamos dispuestos a defender lo que la sociedad espera de nosotros. Sin duda, nos amenazarán como suelen, intentarán dividirnos, habrá incluso expedientes… pero la educación de nuestros hijos merece que colaboremos en el desmontaje de este tinglado ideológico.

- Bueno, aquí tenemos la suerte de que la Junta es de otro color -dijo Miguel, buscando rebajar el riesgo profesional que corrían-.

- Eso lo vamos a comprobar en la práctica. No conviene prejuzgar para no llevarnos desengaños -le contestó Álvaro, quizá el de más edad del grupo-.

- Una de las cosas que más me ha llamado la atención de los libros de texto es la obsesión enfermiza por el sexo, ¿no os parece?, es transversal, como dicen ahora los cursis -era Pilar la que hablaba, muy decidida, que continuó-. Eso de que pierdan peso los conocimientos y lo ganen las» destrezas», me ha dejado estupefacta. Las actitudes se ponen por delante de la instrucción académica. En Lengua Extranjera, no se detallan los tiempos verbales, las conjunciones o los adverbios, sino que se habla de autoconfianza y resiliencia.

- El caso del niño de Sevilla al que le aprobaron ocho asignaturas de golpe, después de haberlas suspendido, y casi sin asistir a clase, le ha abierto los ojos a muchos padres -recordó Merche-.

- A otros no, que lo que quieren es, precisamente, el aprobado general -precisó cabizbaja Rocío-. No se dan cuenta de que habrá una educación privada de calidad y otra pública que se devaluará más de lo que ya está. Nos jugamos que los puentes no se caigan o que los semáforos funcionen.

- Pero que funcionen con empatía -y todos descargaron sus emociones con una risotada general tras estas palabras de Víctor-. No se estimula en absoluto la búsqueda de la excelencia o el esfuerzo, sino el «buen rollito» con los alumnos y los padres. Que nadie se crea que esto va a cambiar los índices de abandono y de fracaso escolar, los va a disparar.

Marisa Alonso escribió:

Poco a poco el corderito

baló, con fuerza baló,

hizo caso a sus amigos

y de todos se olvidó.

Y balaba el corderito

con más ritmo cada vez,

la gorra de medio lado

dando vueltas del revés.