A principios de agosto, la empresa Apple anunció que se disponía a utilizar una novedosa herramienta tecnológica para rastrear sin ver -esto es importante- las fotos almacenadas por sus usuarios en la nube, en busca y captura de contenidos relacionados con la pornografía infantil. La compañía decidió además compartir la documentación técnica a través de su portal, bajo la denominación de Expanded Protection for Children (protección expandida para los menores, por hacer una traducción más ajustada al espíritu), y también las respuestas a posibles y probables dudas frecuentes de usuarios y autoridades reguladoras (FAQ).

Sobre el papel, puede parecer una buena medida. Mayank Varia, de la Universidad de Boston, ha explicado que la herramienta, llamada Private Set Intersection (PSI), permite detectar patrones de posible contenido pornográfico en las imágenes, utilizando métodos criptográficos. De esta manera, la búsqueda es tecnológica, no se ven las fotos en el sentido que cualquiera de nosotros imagina. Así, se persigue el mal respetando la intimidad del conjunto de usuarios de Apple.

Lo cierto es que las redes han multiplicado la generación y posesión de materiales pornográficos terribles, en demasiados casos con menores en el centro. La pederastia campa a sus anchas por la jungla invisible, protegida por el anonimato. Sin embargo, y a pesar de lo loable de la iniciativa de Apple, la sociedad civil anglosajona, y la prensa especializada, no han dudado en señalar y denunciar los aspectos más controvertidos del plan de la multinacional. Dos son las principales líneas de crítica: la primera (MIT Technology Review) relacionada con la «doble moral» de la empresa, que denunció por violar su copyright a una compañía pequeña (Corellium), metiéndola en un pantano jurídico sólo para impedir que hiciera antes lo que Apple ha anunciado ahora.

La segunda crítica, con la beligerante Electronic Frontier Foundation al frente, denuncia los posibles malos usos de esta herramienta, que podría detectar otro tipo de contenidos en las fotos de los usuarios, sin autorización ni control de los poderes democráticos. La tecnología es neutra, sí, pero sus usos los carga el diablo. La fecha elegida y la utilización de la insoportable pandemia de pederastia como elemento legitimador invitan a ser cautos. Y también a recordar lo que escribió James Boxwell en su monumental biografía de Samuel Johnson: «El camino al infierno está lleno de buenas intenciones».