Mientras escribo esto, El Cautivo está aún en San Pablo, quizá ya en sus andas, rodeado de personas que anhelan que pase pronto el tiempo para que vuelva a las calles de Málaga.

Mientras leen esto, probablemente ya esté en la Catedral de Málaga la Virgen del Rocío. En la capilla del Rosario. Sobre una peana intervenida artísticamente por Curro Claros. Y rodeada de su gente que día a día es una ciudad entera.

En Málaga, será cosa de la situación actual, estamos siempre enfadados. Últimamente resulta ser la tónica habitual. Todo viene mal. O nada viene bien. Siempre hay lamento, queja y coletilla. No pasa nada. Pero es cierto que en algunas ocasiones se hace algo cansino. Y más aún, cuando de lo que se trata es de recuperar cosas muy necesarias para muchos y que quedan en el olvido debido a lo prioritario del consiguiente rajamiento pase lo que pase.

La recuperación del culto público en nuestra ciudad ha sido cuestión de estado. O al menos eso dice twitter. Aunque he de reconocer que, en el mundo real más allá de los móviles, no parece algo que quite el sueño a la mayoría de la ciudad. Málaga es cofrade. Un poquito. Un ratito. Y con ciertos desfiles como elemento necesario para que puedan considerarlo como cofrade. Ya me entienden.

Pero la cuestión ha sido que, por poco que consigamos, el proyecto futuro de los cofrades malagueños cambia muchísimo la cosa. El avance de la pandemia ayuda y tenemos la suerte de ir de la mano de la mejoría.

Hace un par de meses resultaba impensable plantear alguna posibilidad de recuperación de cofradías en la calle y hoy son trece las Sagradas Imágenes las que se han trasladado con cierta normalidad hasta el primer templo de la ciudad.

Normalidad. El concepto complejo que ahora está en boca de todos. Ansiada, buscada y exigida incluso por parte de muchos que no entienden otra cosa posible. Así, parece que ya se ha olvidado que hace muy poquito, la única fórmula planteada por nuestros rectores para que los Titulares llegaran a la Catedral era en furgoneta. Hoy lo han hecho en andas -algunas de cuatro varales-, con sus relevos y acompañados de grandes masas de público.

Las estampas se han sucedido por diferentes puntos y feligresías de la ciudad como un soplo de aire fresquísimo que nos ha regalado este mundo nuevo tras parece ser- haber pasado lo peor de la pandemia que aún asola el mundo.

Esa reflexión debería ser motivo de alegría y esperanza. Pero no siempre lo parece. Hay quien se enteró de que el Señor de Málaga saldría a la calle y vería la luz del alba tras años de encierro y su primera pregunta fue: ¿Pero llevan velas los que van en el cortejo? Y es evidente que, ante esos reparos, algo no funciona del todo bien.

El procesionismo es maravilloso. Estupendo. Pero quizá vivamos actualmente inmersos en un mundo de inconformismos que no cuadre mucho con nuestras obligaciones pastorales. O sí. Pero no para preocuparse por cirios o flores y sí de otras cosas de mayor calado.

La realidad es que Málaga, a pesar de los gravísimos complejos de inferioridad con respecto a Sevilla que seguimos acarreando, está siendo pionera en Andalucía a la hora de recuperar el culto público. Y eso se ha conseguido gracias principalmente a nuestra Diócesis de Málaga y el trabajo y compromiso de la Agrupación de Cofradías representada por sus hermanos mayores. Son habas contadas. Y es digno de mención y agradecimiento.

La cuestión es que nunca llueve a gusto de todos. Pero estamos llegando a un punto de locura en el que se escucha a más gente hablar del Gran Poder o comparando una gloria de un pueblo de cuatro habitantes con la situación cofrade que tenemos en nuestra ciudad.

No hay que llevarse a engaño. Y ser conscientes de que, antes de que se levantara ningún decreto en Archidiócesis alguna, en Málaga ya se había permitido el traslado de trece imágenes al alba hasta la Catedral. Que la primera patrona que recibió los primeros rayos de sol ha sido Santa María de la Victoria. La de Málaga. Y que la gran devoción de Andalucía que se reencuentra con su gente en las calles ha salido de San Pablo y ha sido El Cautivo. Que nuestra ciudad, en mitad de la pandemia, fue valiente y planteó unos actos principales con motivo del centenario que siguen su curso hasta la fecha. Y se trabaja en una procesión magna con dieciséis tronos -sea cuando sea que se pueda celebrar-. Por eso que resulta llamativo que aquí se ponga la mirada en un paso «con normalidad» de una gloria Sevillana para comparar y protestar «porque aquí somos peores, más torpes y lentos», cuando sería bueno entender que en Sevilla, Jerez o Dos Hermanas, pueden llevar un paso con un puñado de personas -la Pastora de Santa Marina que hoy sale es portada en su paso clásico, grande y habitual por 24 personas en filas de 4-.

¿Sacamos el trono del Cautivo con 50 personas? ¿La Esperanza con 100? ¿O llevamos a la Virgen de los Dolores de Expiración con 120? Keep calm.

Siempre fue más fácil vivir en el lodazal del inconformismo, lamento y queja. Pero por el camino se queda la ilusión, las experiencias vividas y el orgullo de saber que en tu tierra las cosas se están haciendo bien, de manera progresiva y responsable.

El destino nos depara muchas cosas. Como esa gran magna que todos queremos. Pero también quizá un regreso histórico y triunfal de las grandes devociones que se veneran hasta noviembre en la Catedral. ¿Acaso no sería otra magna ver a la Virgen del Rocío volviendo a su barrio, cercana, con su cortejo de fieles y música a su paso? ¿Y la Agonía con sus cornetas recorriendo el centro? ¿Eso no vale si no lleva metros y metros de aluminio por delante y por detrás?

Considero bueno y necesario ser ambicioso. Pero también justo y honesto no perder la ilusión ante tanto bueno que está por venir.

¿Que hay mucha gente en las calles cualquier sábado por la noche? Sin duda. ¿Es comparable con una magna? Lo dudo. Pero para eso está la policía que tan bien ayuda y decide. Yo, mientras tanto, me quedo con poder volver a ver al Señor y la Virgen. El formato, por ahora, me da igual. Pues son tanta las ganas y tan rápido el devenir, que si no me centro en ello acabaré sin nada. Humildad y Paciencia.

Viva Málaga