Hoy, domingo, Málaga está atascada. Con motivo de la semana europea de la movilidad, el Ayuntamiento ha decidido celebrar un día del atasco para conmemorar dicha festividad.

Es curioso que para hablar de movilidad se provoque todo lo contrario. Pero la vida está así de curiosa. La dictadura de las minorías sigue avanzando como avanzan los coches por la calle Trinidad Grund cualquier día de la semana: despacito pero con fluidez.

Y resulta inexplicable pues, una vez más, los seres humanos de las bicicletas, patinetes y demás vehículos que no pagan un céntimo, ocuparán las calzadas malacitanas en su nudo central para celebrar cosas variadas. La libertad, la opresión del coche maligno o la lucha en contra de los gases contaminantes -siempre y cuando ellos no sean- y cosas del estilo.

No hay más. Y atrévete a rechistar. Que te conviertes automáticamente en el hijo que tuvieron juntos Lucifer y Hitler. Un espanto que hoy, one more time, volvemos a padecer muchas personas que nos comeremos -por desconocimiento u olvido- un buen puñado de minutos de colas y atascos para que cuatro -o cuatro mil- haga sus performances.

Pero la realidad, a pesar de todo, sigue siendo una. Y es que la mayoría de las personas usan para moverse el coche y la moto. Gasolina. Humo. Pito cuando hay caravana y semáforo en ámbar que se apura si hay seguridad para ello. No existe lo contrario. Por mucho que se empeñen en proyectarlo, la realidad de nuestra ciudad está en las antípodas de lo que ellos venden. Entonces ¿Por qué tantos teatrillos que solamente provocan caos circulatorio? Pues todo apunta a que, de este modo, tienen felices a quienes movilizan a los bicicleters, patineters y demás ecomuvingfriendly.

Ante esta situación y estos colapsos -en todos los sentidos-, lo único evidente y claro es que el trabajo real en búsqueda de avances por la movilidad no pasa por celebrar manifestaciones, días de la bicicleta -ya lo inventó Pryca Los Patios y encima regalaba camiseta-, ni historias por el estilo.

Pasa por agilizar y ampliar los espacios para los vehículos a motor, protegiendo aquellas zonas que se quieran reservar para los peatones y facilitar la vida a todo el mundo pues, de lo contrario, seguiremos viviendo en este atasco perenne en el que está sumida la ciudad de Málaga.

El Paseo de Reding, Sancha, Strachan es un verdadero infierno cualquier día laborable por las mañanas. La avenida de Andalucía monstruosa gran parte de la jornada, los acceso de entrada y salida por la comisaría o Ciudad Jardín un absoluto infierno y así hasta un buen listado de problemas que llevan existiendo desde hace años y su avance brilla por su ausencia.

¿Eso se arregla cortando el parque y la Alameda para que deambulen personas en bici o monopatín un domingo en el que la mayoría de las personas lo que busca es vivir en paz y tranquila? Que alguien me lo explique porque yo no lo entiendo. No comprendo de ninguna manera que la situación actual sea la adecuada pues no nos conduce a ningún lugar y, además, sigue respondiendo únicamente a las inquietudes de una minoría.

Todo apunta a que la cosa seguirá igual. De cara a la galería mucha fachada pro mallas y casco, pero tras cortar la cinta inaugural, cojo mi coche de gasóleo A y para mi casa tranquilamente. Y oiga, que se entiende porque es lo normal. Y las personas normales trabajan en política para todos: para el raro, la jipi y el señor mayor, la ultraconservadora, el analfabeto, el muy rico, el muy pobre, el merdellón -aunque no debería-, pero muy muy muy especialmente debiera hacerlo para las personas normales. Lo que más hay. Los que tiran de coche o moto. Los que trabajan lejos de casa y necesitan moverse con cierta facilidad a pesar del coste ecológico o el ruido.

Pero son ellos los que precisan mayores atenciones. En primer lugar, por ser lo que más hay en nuestra ciudad: gente normal y corriente. Y en segundo porque sin ellos esta ciudad, la región y el país no tiran. No avanzan. Y no lo parece. Porque son los grandes despreciados de la sociedad. Pero la vida avanza siempre gracias a la gente que protesta lo justo porque no tiene tiempo. Y cuando lo hace es por razones justificadas, obvias y de sentido común. No tienen tiempo para protestar por bicicletas, la tala de un árbol o la independencia de fulanito.

Al menos, como todo va a seguir igual y de cara a la galería seremos Greta Thunberg, podrían darle la vuelta a la película y celebrar un día de las personas normales. Durante esa jornada, se me ocurre, no debería existir la zona azul en los aparcamientos. Se podría estacionar, con las limitaciones obvias, en cualquier lugar posible, no estaría permitida la circulación de bicicletas, patinetes ni carros varios por la carretera. Solamente motos y coches. Con semáforos ajustados a la vida real. Sin carriles bicis en lugares absurdos como el paseo del Parque y asuntos similares.

Tampoco serviría para nada. Pero, al menos por una vez, la mayoría de las personas sentirían que alguien al mando sabe que existen. Y que están ahí siempre.

Viva Málaga