En esta onomástica de San Miguel -arcángel multifuncional: príncipe de los ejércitos celestiales, defensor de los cristianos, enseñante de la fidelidad a Dios, intercesor de enfermos y difuntos, tasador de almas... ; «en el momento de la victoria final, el arcángel guerrero hará sonar la trompeta en presencia de Cristo y despertará a todos los que murieron desde el inicio de los tiempos»-, éste polivalente ente celestial y también músico -con claras influencias de blues y jazz-, me recuerda siempre a un amigo homónimo quien a la hora de describir una situación o iniciar un debate propone recordar un tema musical relacionado con el contenido del mismo, generando en cada trama, devenir o asunto una banda sonora singular con arreglos para cada circunstancia.

Este entretiempo connatural o veranillo de San Miguel atempera las cifras de contagio, contrayendo la tasa en la provincia de Málaga a los 66,7 casos por cada 100.000 habitantes -60 en la capital -, revelando guarismos que no se lograban desde hace más de un año. Buena nueva. Esta favorable tendencia ha avivado la certidumbre de que el advenimiento del estado de ‘nueva normalidad’, tantas veces reiterado por un incesante anhelo, está en el umbral de nuestras próximas e inéditas existencias para poder acceder al conciliador nivel 0, posibilitando una mitigación prudente de las restricciones. La nueva normalidad –un oxímoron aliterativo – transfigurada en este tiempo como talismán léxico, ha dejado de ser novedosa, ocupando un espacio expectante en la cotidianeidad de cada uno. Esta frase contribuye a dar cierto sosiego a una tesitura amarga y azorada; sin embargo, exhibe su carga poética, puesto que descorre la consciencia y la propia esencia con una incitación renovada desde la simulada paradoja. Habrá que preguntarle al amigo Miguel Fortuny qué composición debemos buscar para musicar el encuentro con esta nueva normalidad.