Los más grandes son aquellos que son capaces de marcar un antes y un después en su actividad, son aquellos que se ganan un hueco en la historia sin pisar a nadie, haciendo su carrera en positivo, con su talento y no a costa de perjudicar a los demás, aquellos que entienden que los rivales no son enemigos sino iguales que sólo buscan lo mismo que ellos, son aquellos que hacen felices a la gente, son aquellos que… en definitiva son como Pau Gasol.

Conocí a Pau hace muchos años, a la vuelta del Mundial júnior de Lisboa de 1999. En aquel torneo sólo hubo 2 periodistas españoles desde el primer día, en la fase de Oporto, Fernando Pérez Soto y Antonio Rodríguez, dos buenos amigos que pusieron su dinero y gastaron sus días libres para seguir a unos chavales que ya veían únicos. Gracias a Fernando conocí a Pau y a Juan Carlos Navarro. Recuerdo que ese día mientras Juan Carlos hablaba con nosotros, Pau fruto de su timidez parecía querer esconderse detrás de su amigo. Eran los años del «virtuoso» como le llamaban sus amigos por lo bien que cantaba algo que demostraría años después en la celebración del Mundial de 2006 en Saitama. Un gran talento que todavía buscaba su sitio en el baloncesto y en la vida.

Mi trabajo en laSexta me ha permitido el privilegio de compartir muchas horas con Pau, en Memphis, en Los Ángeles, en la Selección, incluso como comentarista de la cadena, y sólo puedo decir cosas buenas. Un jugador superlativo que se empequeñece sólo ante su grandeza como persona. Un hombre humilde, atento a los detalles y sabedor en cada momento de que es lo correcto. Una persona que nunca te falla y que su palabra vale más que 1.000 papeles firmados. Un jugador que ha realizado muchos sacrificios para llegar hasta aquí. En 2008, hace ya 13 años, recuerdo ver como su inseparable Joaquín Juan trabajaba horas y horas en sus tobillos y en sus rodillas para que pudiera jugar al más alto nivel, días de descanso incluidos. Una profesionalidad sin límites.

En 2010 Pau formaba parte del equipo de comentaristas de laSexta, como José Manuel Calderón. Hicimos las reservas como siempre en el hotel que nos recomendó FIBA donde coincidíamos con los árbitros, y al llegar nos dimos cuenta que la altura de las duchas no era válida para Pau. Hablamos con la Federación y la FIBA e inmediatamente nos proporcionaron una habitación para Pau en el hotel de las selecciones que estaba justo al lado. Al llegar Pau a Estambul le contamos el problema y su respuesta fue: «Yo he venido con vosotros y me quedo con vosotros. En cualquier caso gracias». Siempre sabía dónde estaba su lugar.

Después de la dolorosa derrota del europeo de 2007 se personó al instante en la posición de entrevistas, donde le esperaba todos los días al acabar los partidos, para dar la cara. Allí estaba todos los días después de los partidos. En 5 años sólo faltó una vez a la cita, después de la semifinal del Mundial de 2006 ante Argentina. Se había roto, sabía que no podría jugar la final y a pesar de todo le dijo a Roberto Hernández, entonces responsable de comunicación de la selección, que me dijera que no podría acudir a la entrevista pero que había hablado con su hermano Marc y con Pepu para que acudiera en su lugar quien yo quisiera.

Entendió como nadie que para liderar no hay que gritar, ni humillar a nadie. Sólo hay que dar ejemplo. En su despedida oí muchas frases que me acompañan siempre como escuela de vida pero quiero destacar una: «Me dijeron que lo difícil no era llegar, sino mantenerse. Yo no he intentado mantenerme sino mejorar cada día». Ese es el secreto y ese es el ejemplo, en el deporte y en la vida. El COI, Unicef, la NBA, su Fundación que tanto trabaja por la salud de nuestros hijos… cualquiera que tenga la suerte de tener a Pau en su equipo a partir de ahora sabe que se lleva al mejor. Yo sólo puedo dar las gracias al jugador Gasol por todo lo que me ha hecho disfrutar estos años y a la persona Pau por todo lo que me ha enseñado.