Vientos frescos llegan a la ACB desde la ciudad más antigua de Galicia. Breogán de Lugo, quien vuelve a lucir en la camiseta un patrocinio lechero muy clásico, ha comenzado la competición con brío desbocado aupado por un brillante juego coral. El valiente proyecto construido sobre gente joven está dirigido por un Paco Olmos que regresa a la liga con ánimos de reivindicarse tras su prolongada estancia en el extranjero.

La parroquia del Pazo Dos Deportes ha tenido la oportunidad de vibrar de un modo especial gracias a unos resultados jamás vistos por esos lares. Breogán siempre fue un club modesto que sufría continuos ascensos y descensos de categoría aún contando con grandes jugadores que dejaron huella entre su fiel afición. Pero si miramos atrás, estoy seguro que uno de los rostros más reconocibles de los años 90 corresponde a Ricardo Hevia, quien dirigiera el equipo durante varias temporadas.

Hevia representa a la perfección el ejemplo de entrenador de la vieja escuela. Nacido en Mieres, en pleno corazón minero asturiano, Ricardo se enamoró del baloncesto y llegó a convertirse en un preparador de élite tras su temprana retirada. No fue el más innovador ni tampoco un gran estratega, pero quienes lo conocen afirman que ponía todo su empeño, entusiasmo y carácter en pos de dotar de una identidad reconocible a sus plantillas. Hevia proponía un estilo de juego a partir de una defensa asfixiante, apoyada en bases rápidos y hábiles en la distribución de balón y con un fulgurante contraataque como opción prioritaria.

Vehemente e intenso, muchas son las anécdotas que ilustran el carácter de Ricardo. Puro nervio durante los partidos, sus airadas protestas hacia los árbitros le causaron algún que otro disgusto. Esas arrancadas también las tenía con sus jugadores, siendo los entrenamientos el caldo de cultivo perfecto para muchas de ellas. La personalidad e intensidad de Hevia dentro de la pista quedan reflejadas en las siguientes situaciones vividas en los entrenos del Breogán.

Situémonos en una fría mañana del invierno de Lugo. Sesión matinal de trabajo. Tras un ejercicio en el que entendía que sus jugadores no lo estaban dando todo, ponía el grito en el cielo arengándoles con la sutil metáfora «¡Los obreros llevan desde la 6 de la mañana en el andamio y vosotros estáis meando Varon Dandy!». En otro momento del entreno, cuando los jugadores no seguían al pie de la letra las instrucciones del ejercicio practicado, Ricardo vociferaba «¡Llevo toda la mañana sacando burros y aún tengo toda la cuadra llena!». Exigente a la par que ecuánime, genio y figura, Hevia no dejaba a nadie indiferente por sus maneras, aunque nunca se granjeó la enemistad personal con ningún jugador.

Su vinculación con Málaga es muy especial. Amigo personal de Alfonso Queipo de Llano y José Mª Martín Urbano, Ricardo ha pasado muchos veranos en su residencia de Sabinillas. Esa relación con la Costa del Sol también se trasladó a las canchas en momentos muy significativos para nuestro club. Ya desde los años 70, cualquier duelo contra los equipos que dirigía Ricardo no eran plato de buen gusto. Pero fue entrenando al Breogán cuando participó en dos encuentros para la historia.

Octubre de 1989, eliminatoria previa de clasificación para la fase final de la Copa del Rey. El Caja de Ronda, que ocupaba la primera plaza de la liga, era claro favorito para derrotar al equipo lucense. El conjunto de Hevia dio un golpe de efecto en el partido de ida celebrado en Ciudad Jardín llevándose un holgado triunfo por 21 puntos que le permitió lograr su única participación en el trofeo copero. Gran decepción para la afición cajista que disfrutaba de un equipo inolvidable con Ramiro, Vecina, Arlauckas o Rickie Brown.

Justo un año después, la visita al pabellón malagueño se produjo en otro momento para el recuerdo. La relación entre la cúpula de Guindos y el entrenador leonés Mario Pesquera se había hecho insostenible debido al «caso Mike Smith». La destitución de Pesquera se produjo un par de días antes de la visita de Breogán. Amigos y rivales, Martín Urbano se llevó el gato al agua frente a Hevia, quedándose la victoria en casa, después de disputar uno de los partidos que más expectación había generado entre la hinchada malagueña.

Ferrol, Murcia, Salamanca y Ourense fueron sus otras etapas en los banquillos de la ACB. Referente y mito del baloncesto astur, hombre de palabra y con un carácter volcánico en las pistas, Ricardo Hevia es un señor querido y apreciado por quienes tuvieron la oportunidad de compartir su pasión por el balón naranja en estas últimas décadas. Entrenador de raza, contribuyó en la construcción de ese baloncesto en «cámara lenta» típico de los 80.

La Peque – Columna (Por Simón R.J)

¿Sabías que el Breogán es el único equipo que ha sido líder en la ACB recién ascendido?