Creo que nadie se atrevió a imaginar que algo podría salir mal con la Wikipedia, ese gran proyecto democratizador de las fuentes de conocimiento, que desde el voluntarismo altruista ha logrado evitar que penosas enciclopedias ocupen los espacios reservados a las consolas, las televisiones gigantes de plasma y otros dispositivos de entretenimiento familiar.

El proyecto original, lanzado por Jimmy Wales y Larry Sanger en 2001 -que es un soplo la vida, que veinte años es nada, como cantaba Gardel- sufre ahora una oleada de «vandalismo», según los medios anglosajones, que está obligando a los editores voluntarios a multiplicarse, y a los lectores y estudiantes a desconfiar de sus entradas. Uno de sus problemas tiene que ver con las ediciones en idiomas ajenos al inglés, mucho menos vigiladas. Pero la principal amenaza viene del asalto planificado por la extrema derecha para blanquear el nazismo y modificar la Historia que todos conocemos.

La revista Wired publicó en la primera semana de septiembre un artículo dedicado a Ksenia Coffman, un nombre que casi nadie conoce en España. Sin embargo, esta luchadora solitaria, habitante de Silicon Valley y atenta turista, comenzó a observar fallos e inexactitudes en diversas entradas relacionadas con el nazismo. La lectura reciente de la novela Holocausto la había sensibilizado sobre el tema, así que comenzó a tirar del hilo para corregir las falsedades que estaba leyendo.

Ahora, y según han publicado otros medios a rebufo del reportaje de Wired, se ha convertido en la editora número 735 de la Wikipedia, con más de 96.000 correcciones y la creación de 3.200 nuevas páginas. Este ingente trabajo altruista ha permitido mitigar la desinformación sobre el nazismo que estaban sufriendo los usuarios en lengua inglesa de esta enciclopedia gratuita y universal. Otros lectores en otras lenguas no han tenido la suerte de contar con una guardiana tan incansable y meticulosa. Es un asunto muy serio.

La idea de que internet iba a facilitar la transparencia y la bondad lleva años aquejada de fuertes dolores. Las redes sociales basan su enriquecimiento en el tráfico de datos, la invasión de la privacidad y el fomento de los contenidos tóxicos. Un lugar de encuentro como la Wikipedia se ha convertido en otro campo de batalla, donde los revisionistas campan a sus anchas, apenas controlados por un puñado de editores voluntarios. Todo lo que era gratis va a resultar muy costoso. ¿A alguien le importa?