La Tierra se está oscureciendo paulatinamente, nos advierten investigadores del Instituto de Tecnología de New Jersey desde un nuevo estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters, concluyendo que el calentamiento de las aguas del océano ha reducido en las últimas dos décadas un 0,5% la reflectancia o albedo terrestre. Sin embargo, la declinación no ha sido proporcional a este ciclo transcurrido, pues la mayor parte de esta bajada se ha producido en el último trienio. La luz es inasible, y aun así hemos podido utilizarla para alumbrar nuestros entornos. Para este elemento que no es posible tocar o detener es conveniente conocer su naturaleza; entender la luz es el primer paso para poder ‘asir’ lo inasible, el fenómeno de la reflectancia es parte de este complejo dilema.

En Málaga: capital de la luz; en este dilatado paisaje, ingrávido en sus resplandores, este enigma futuro del advenimiento de la oscuridad, casi imperceptible en este otoño que navega silente, tiene una réplica la cual ilumina nuestros aletargados recuerdos: el reencuentro con Emilio Prados, quien como preciso espectrómetro nos mide y esclarece la asombrosa diafanidad reflejada por su vida y obra. Proclamado Autor del Año 2021 por el Centro Andaluz de las Letras, este sempiterno ausente - impulsor de los poetas del 27-, al fin, recibe el reconocimiento tan debido de su ciudad. Prados vuelve a su litoral y nos espera en el Centro Cultural Fundación Unicaja – Palacio Episcopal – en la muestra ‘Emilio Prados, el mar de la nostalgia’. Entre brisas contenidas de su existencia, esta cita nos revela la actividad creadora e íntima de este egregio autor malagueño, artífice de que Málaga fuera el epicentro de la Generación del 27. Mirándome, me versa: «Agua de Dios, soledad: / por los mares del olvido/ mi cuerpo nadando va…/ Que a tus playas llegue vivo». Prados, luz literaria y vital para compartir. Bienvenido, poeta.