Iván Redondo se llegó a lo de Susanna Griso para decir que Yolanda Díaz puede ser la próxima presidenta del Gobierno. Redondo busca trabajo. Después de currar para Monago, Albiol y Sánchez, mira a la izquierda. Este gurú tuvo fama de verlo todo con anticipación, pero no supo ver de qué manera iba a quedar en entredicho su figura si iba al programa de Évole. Redondo ha abandonado la sombra y sale a la luz y al Linkedin, a los platós y los libros. Ya ha salido uno sobre él, lo firma el periodista Toni Bolaños. Es decir, Redondo ya ha entrado en la categoría de personaje. Si alguien escribiera un libro sobre mi, yo, convertido en personaje, no haría ya otra cosa que personajear. Colarme en otros libros y argumentos, en peripecias y novelas, en ensayos y anaqueles. Pero nuestro hombre apersonajado lo que quiere es colarse en otro despacho.

La fama es el mensaje. Si sigue yendo a entrevistas será el prestidigitador que todos sus trucos enseña. O un tertuliano jugoso. Probablemente, Sánchez debe a Redondo la moción de censura y ser presidente pero los presidentes son propensos a quedarse afónicos cuando de dar las gracias por los servicios prestados se trata. Redondo vale más por lo que calla, pero no calla y se pone indumentarias llamativas para salir en la tele. Quién asesora al asesor. Camisetas juveniles y pulseritas de adolescente, aunque en lo de Antena 3 optara por corbata oficinesca. Lo importante es el cerebro, pero en la tele no se ve, ni siquiera en las películas de destape.

Afirma Redondo que para solucionar el problema con las eléctricas y el subidón del recibo hay que crear «una mesa de luz» con Sánchez y Casado. Puede haber tardado más en parir un juego de palabras que en encontrar una solución, siendo certero su diagnóstico general sobre esto: «Sánchez no debió prometer una bajada en el recibo». Le faltó añadir: eso es porque ahora está mal asesorado. No sabemos si Sánchez ve la tele por las mañanas o lo tienen a oscuras. Atentos a sus pantallas. Y a Yolanda Díaz.