Ayer una chica me paró por la calle para preguntarme una dirección. Era extranjera. No supe reconocer su idioma. Balbuceé algo en un inglés oxidado y entonces ella me enseñó la foto del edificio que buscaba, también el nombre de la calle. Me quedé mirando la pantalla de su teléfono móvil y no supe reconocer la fachada ni recordar o saber dónde estaba esa calle. Como la chica llevaba una maletita con ruedas deduje a lo Sherlock Holmes que buscaba unos apartamentos turísticos o un hotel, claro, pero el caso es que yo de repente no caía en nada. Estábamos en el Centro. En un paisaje habitual para mí. O no tanto, pensé. Hice memoria. Hice un esfuerzo mental. Traté de recordar. Pero nada. El nombre de la calle no me sonaba de nada.

La chica casi se espanta, dado que por mis gestos y rictus bien pude parecer que estaba estreñido o que tenía urgencias evacuatorias. Puse cara de circunstancias. No, o sea, quiero decir que puse la cara de esa circunstancia, la circunstancia de ser de una ciudad, querer ayudar a alguien de fuera a encontrar algo y no tener ni idea. Ahora va a resultar que no conozco mi ciudad. El edificio de la foto del móvil de la chica era distinguido y como clásico, no era uno más. Por fuerza tenía que haberlo visto antes. La chica se alejó. Tal vez se fue pensando que había dado con otro foráneo o con un despistado. De pronto, sin yo mismo saber por qué, le grité: «Esto es Málaga». Pero la chica ya se había puesto unos cascos y no me oyó. Sí me oyó un señor muy atildado que me respondió: «No, si te parece es Sebastopol, canijo». No supe qué decir. A punto estuve de darle las gracias, no todos los días alguien te llama canijo. Aunque fuera un modismo, una expresión hecha. Otro día escribiremos de la siempre simpática y atenta gente a la que no se le escapa un solo gramo que engordes. Fue entonces cuando en lugar de ir a trabajar me fui a buscar el edificio, la calle en cuestión. Me fui a buscar mi ciudad. Sus calles y hoteles y apartamentos. Me fui a fundirme con ella y a tomar notas. Y una cerveza. Y ahora estoy pensando en hacerme guía turístico. Y en encontrar a la chica y resarcirla del mal sabor de boca, no vaya a pensar que todos los nativos estamos en la inopia.

Tres días llevo dando bandazos sin encontrar el edificio ni la calle. Terror me da buscar en internet. Y que esté al lado. Si es así, la chica podría estar observando desde la ventana. Tal vez me haya hecho unas fotos y las haya enviado a sus amigos en su país: mirad, un despistado que da vueltas y vueltas alrededor de mi hotel. Espero salir bien en esas fotos. Canijo incluso.