El pasado fin de semana se celebró la entrega de los Premios Planeta. En esta ocasión hubo más de una sorpresa. Cada vez es más habitual que los libros que entran en competición se presenten bajo pseudónimo, ya en la edición de 2015 fueron 7 de los 10 finalistas los que ocultaron su nombre verdadero, pero el pasado viernes asistimos a una nueva vuelta de tuerca. El primer premio fue a parar a Carmen Mola, autora de la trilogía de la inspectora Elena Blanco que es un éxito de ventas desde hace tres años. Hasta este fin de semana Carmen Mola era una escritora peculiar que escondía su identidad bajo ese nombre, a la que nadie había visto y las pocas entrevistas que había concedido se habían hecho a través de email. 

Conocí a Carmen Mola el verano pasado, y con ello quiero decir que me leí del tirón todos sus libros. Hasta ese momento había publicado las tres novelas protagonizadas por la inspectora Elena Blanco, a saber: ‘La novia gitana’, ‘La red púrpura’ y ‘La nena’. Tardé menos de dos semanas en devorarlas. Esas novelas enganchaban de verdad, transcurrían en España, eran policíacas, se contaban historias truculentas y una vez terminadas seguías pensando en ellas. El tiempo en las mismas estaba perfectamente medido, al final de cada uno de los capítulos, no excesivamente largos, te quedaban unas inmensas ganas de seguir leyendo. La tal Carmen Mola sabía lo que se hacía. Para mí y luego supe que para todos, esta escritora era una desconocida, escribía desde el anonimato, lo cual me hizo intentar averiguar cosas de ella. Me extrañaba que una mujer careciera de esa especial sensibilidad al tratar de ciertos temas escabrosos con tanta crudeza y sospeché que un hombre se escondía detrás de esas palabras. Leí una entrevista que le habían hecho en la que decía que era una profesora de instituto y sinceramente dejó de interesarme el tema de quién se escondía tras el nombre de Carmen Mola. Las novelas me habían gustado y lo único que me importaba es que saliera la cuarta entrega si a la «buena señora» le daba por seguir escribiendo. 

Este viernes descubrimos quién era en realidad Carmen Mola y la sorpresa fue mayúscula, pues a la hora de subir al escenario fueron tres personas las que subieron a recoger el galardón y para más inri eran tres hombres, Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez. Ellos son en esencia Carmen Mola. Y ahí surgió la polémica. Que si habían utilizado un nombre femenino porque estaba claro que el premio se lo tenía que llevar una mujer, que si era una burla al trabajo de las mujeres, que si era un triunfo del machismo más recalcitrante... En primer lugar y para los escépticos hay que tener en cuenta que la novela se presentó bajo otro pseudónimo tanto de autor como de título, Sergio López y ‘Ciudad de fuego’, así que el argumento de que se quería premiar a una mujer carece de sentido, pues el libro iba firmado por un hombre, Sergio López. 

Y la polémica está servida cuando, dos días después de desvelarse la identidad de Carmen Mola, sus libros se retiran de una librería por no estar escritos por una mujer. En defensa de tamaño disparate cabe decir que se trata de una librería que sólo publica novelas escritas por mujeres. A mí poco me importa que quien está detrás de las letras sea un hombre, una mujer, una o varias personas. Conozco casos de escritores que escriben a cuatro manos, el tándem formado por Dominique Lapierre y Larry Collins es un clásico, pero nunca había oído hablar de novelas escritas a seis manos, en esto Carmen es una innovadora.

Personalmente en mis lecturas lo que busco es que me atraiga tanto el fondo como la forma y no creo que haya novelas para hombres o novelas para mujeres, creo que hay novelas para personas escritas por personas y afortunadamente quedaron atrás los tiempos en que las mujeres debían ocultarse tras un pseudónimo masculino para poder publicar. ¡Ay, si Cecilia Böhl de Faber levantara la cabeza! Por ello, tomemos a Carmen Mola como lo que es, un equipo capaz de lograr un éxito de ventas y lectores desde el anonimato. 

Carmen, para mí sí Mola.