Fantaseamos en ocasiones con los límites que podrá superar el hombre en cuatro, siete o diez años. Imaginamos cómo alcanzar con nave tripulada Júpiter o cómo amartizar sobre la ardiente superficie marciana.

Pero hay otros límites mucho más cercanos que de cuando en cuanto caen. Y en ocasiones también nos hacen caer en errores. Nos hemos habituado a los patinetes eléctricos y estos biciclos motorizados han restado protagonismo a los patines. Quiero referirme, por definición, a las plataformas ajustables a las suelas del calzado que hasta agilizaban el trabajo de algunas dependientas en ciertos centros comerciales.

A la espera de que se terminen de regular las limitaciones en el uso de los patinetes eléctricos, porque aún de madrugada se nos cruzan a velocidades impropias desafiando cruces de calles sin iluminación alguna, puede que haga años que no le adelanta alguien en patines por su paseo o parque favorito.

Sin embargo, con referencias más o menos cercanas, seguro les costará imaginar una respuesta diferente a la afirmativa si les planteo la siguiente pregunta: ¿Llegaré más rápido a mi destino en patines que a la carrera?

Pues depende. ¿De qué depende? De según como se mire, también. Pero sobre todo de la distancia a cubrir. No es lo mismo pretender cruzar una superficie inundada que una cubierta de césped. No es lo mismo pretender ascender un terreno con una fuerte pendiente que atravesar una superficie perfectamente pulimentada y llana.

Y tampoco será lo mismo tener el destino a diez kilómetros que a 100 metros. Porque lo que ustedes seguro que no imaginan es que el oro mundial de patinaje de velocidad para esa última distancia se tarda más en conquistar que el de atletismo.

Es un detalle del que hemos sabido hace apenas unos días, cuando el patinador navarro Ioseba Fernández revalidaba en Colombia el oro mundial de la distancia. Lo hacía con una marca de 9 segundos y 88 centésimas. Así aventajaba al patinador local Steven Villegas, plata a apenas 13 centésimas del español. Y completó el podio el mexicano Jorge Luis Martínez, a 40 centésimas de Fernández.

La dificultad está en el arranque. Ni es idéntico el tiempo de reacción cuando se da la salida en una u otra prueba, ni la fórmula de impulso es siquiera parecida. En la carrera de 100 metros lisos se utilizan los tacos de salida, que suponen una evolución a los antiguos agujeros (sí, agujeros) que se hacían en las primigenias pistas de ceniza. Así se mejoraba la aceleración en unos tiempos en los que ni siquiera el calzado podía propiciar marcas como las actuales.

En los pasados JJOO de Tokio, el oro lo conquistó Lamont Marcell Jacobs con un tiempo que rebaja al del reciente oro mundial en patinaje para la misma distancia en ocho centésimas. El velocista italiano marcó 9 segundos y 80 centésimas. Así rompió la hegemonía del jamaicano Usain Bolt, que encadenó tres oros consecutivos en Beijing 2008 (récord mundial con 9.69), Londres 2012 (récord olímpico entonces con 9.63) y Río 2016 (9.81).

Para encontrar una marca por encima de los 9,88 de Ioseba sobre sus patines hay que remontarse, en cuanto a una de las pruebas olímpicas que mayores emociones ha deparado, a la cita de Barcelona 92. En los únicos JJOO de verano celebrados en España se impuso el velocista británico Linford Christie. En su caso también ponía fin a dos oros consecutivos de otra leyenda del atletismo, el estadounidense Carl Lewis, coronado como campeón olímpico en Los Ángeles 1984 (9.99) y Seúl 1988 (récord mundial con 9,92).

Todavía desconocemos en qué momento se pondrán en marcha las competiciones deportivas de patinete eléctrico y si algún día aspirará esta disciplina, aunque sea como exhibición, a ser olímpica. Algunos siguen entrenando mientras tanto, de manera temeraria, aunque a la carrera se les pueda ganar.