No voy a negarlo ni a hacerme el interesante. Ni siquiera voy a decir que me apasiona la política actual, cuando no es el caso, en ninguno de sus escalones administrativos. Pero el otro día tuve la inmensa suerte de asistir al evento en el que debatieron el exalcalde de Barcelona Jordi Hereu, la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena, el exalcalde de Santander y exministro de Fomento, Íñigo de la Serna, todos ellos moderados por el alcalde malagueño, Francisco de la Torre, en el Palacio de Ferias y Congresos. Hablaron de calidad de los servicios públicos, de la importancia de introducir en la gestión pública los principios del ‘management’ o gestión empresarial en la cosa pública y en la toma de decisiones, de la injusta imagen que tienen muchos regidores y ayuntamientos después de los casos de corrupción que asolaron el país durante la primera década de este siglo y de colaboración público-privada y de la idea que más me gustó: la colaboración público-ciudadana, es decir, empoderar al vecino para que invierta por sí mismo el dinero, por ejemplo, a través de sus comunidades de propietarios o asociaciones (un rocódromo en un barrio, puso como ejemplo Carmena) y luego la Administración Local, garante y fiscalizadora, comprobaría la bonanza y eficacia de esa inversión. Pues sí. Carmena, por cierto, estaba en plena forma intelectual: se quejó del enfrentamiento continuo y encarnizado de la política española y cómo eso nos hace perder muchos trenes (pues claro, continuamente); y pidió la llegada de la creatividad al poder, la simplificación administrativa acabando con los informes sucesivos para cualquier decisión y creando reuniones en las que estén todos los que tienen algo que decir para resolver allí la cuestión. Incluso, precisó y recuperó esa bellísima reflexión del profesor Enrique Tierno Galván, cuando ejerció como alcalde de Madrid, de la importancia de que el regidor fuera como un director de orquesta y cada funcionario tocase su música, y tal vez eso podría hacerse ahora. De la Torre habló poco, pero sigue teniendo sintonía con Carmena: da gusto ver a dos personas en las antípodas ideológicas tratarse con respeto. Recuerden aquella entrevista en La Sexta antes de las últimas municipales, lo que, según los expertos, pudo impulsar definitivamente al alcalde malagueño hacia un nuevo mandato cuando todas las encuestas decían lo contrario. Muy acertado estuvo Hereu, reflexionando sobre la realidad gerencial del Consistorio barcelonés y cómo se ha pasado del distrito al barrio como unidad mínima a administrar. También habló de que hay que hacer lo que se decida correctamente, pero hay que hacer «lo que hay que hacer», cuidado, dijo, con que los procedimientos se impongan a la finalización del expediente. De la Serna, por su parte, reclamó más confianza en los consistorios. No estuvo mal la hora y media de charla serena, ya desde una zona muy lejana de las trincheras ideológicas. Y así da gusto. Lástima que hoy nadie escuche.

La semana, en clave política local, ha oscilado en torno a cuatro grandes novedades: la primera se supo el pasado viernes, la Junta de Gobierno Local ha aprobado el avance de PERI de San Rafael, poniendo ya en los raíles el macrobarrio y un gran bulevar que conectará la Unión con el Palacio de Ferias: 87.000 metros cuadrados de techo comercial y terciario. Al lado irán las torres de Repsol y el parque (lo del bosque urbano en toda la parcela parece ya una utopía, pese a que es lo que quiere buena parte de la ciudadanía); por otro lado, el Ayuntamiento se compromete a prestar asistencia técnica y legal o su intermediación a las más de cincuenta familias víctimas de acoso inmobiliario cuyos edificios van a pasar a manos de una promotora en El Perchel. Ellos, además de eso, piden viviendas sociales, algo de lo que el IMV y Derechos Sociales no dicen nada. Es fácil lo que solicitan: ¿habrá VPO para ellos? ¿En el mismo barrio? En tercer lugar, el lunes conocimos los presupuestos: 936,2 millones de euros, un 4,13% más, sobre todo para acción social, aunque soslayando grandes proyectos (aunque el del Guadalmedina parece estar ya en cartera y a punto de conocerse). Y, por último, ha habido otro rumor muy relevante, confirmado por la edil Noelia Losada, edil de Cultura, en el programa Málaga a examen, de Canal Málaga, a preguntas de este que les escribe esta crónica cada domingo: ¿tendrá Málaga, la capital del cine español pese a que Almodóvar no se haya enterado aún, una ciudad del cine? «Eso está muy bien. Efectivamente, hemos colaborado haciendo de mediadores con empresas del mundo del cine, promotoras y productoras que querían instalarse en Málaga. Si era para búsqueda de suelo, las poníamos en contacto con Urbanismo, que es el encargado de buscar espacios adecuados para que se instalen, dependiendo de sus necesidades. Málaga Procultura, con Juan Antonio Vigar ha actuado como mediador». Y agregó: «Hay un proyecto bastante maduro de instalación de una gran productora en Málaga. En cuanto se cierre lo comunicaremos». Aquí se lo avanzamos. No es rumor. Ya se hablaba hace algunos años. Málaga confirma que es una ciudad de cine, pero aún no sé qué género fílmico sería el preferido de los malagueños. A veces el drama, a veces la comedia. Pasen buena semana.