Termina la campaña de las primarias en el PSOE de Málaga en la que se ha echado en falta un debate entre los dos candidatos, que no se ha celebrado fundamentalmente por dos razones. Una: a Dani Pérez no le ha dado la gana pese a que los estatutos obligan. Dos: si fuera un debate de ideas habría durado dos minutos, tiempo no apto para una retransmisión que se precie ni siquiera por youtube. Estas primarias en el PSOE malagueño eran más bien una lucha de poder entre facciones. No pasa nada. Es legítimo. No se quería cambiar el partido, se quería controlar. Las facciones son así: nacen, crecen, se reproducen pero antes de morir luchan por sus ideas, dogmas o nóminas. Pérez ha arrasado a José Antonio Gómez, alcalde de Ojén, que si amara tanto al partido como dice no habría hecho una escisión hace años, dañando, volviendo al redil por conveniencia. Pérez alberga ganas, vigor y juventud. Las juventudes de ahora, que se alargan hasta los «y tantos». Ha tenido ya más cargos que muchos sesentones pero representa cierta novedad y mucha capacidad de trabajo. En estos días ha visto con el placer que tal vez experimentase un voyeur sádico como algunos de los que públicamente han proclamado su odio político y personal hacia él se tomaban fotos y selfies resaltando la guapura e idoneidad del ya secretario provincial. Y lo bien que le queda la barba. Vienen tiempos de lametazos para lograr ir en las listas a las autonómicas, sin que sean desdeñables los codazos por escañarse en Madrid u ocupar algunos puestos en la Diputación. Pérez se prepara para los agasajos, para administrar egos, para asegurarse el futuro y para ver menos a su familia que un viajante de comercio por Texas. La secretaría provincial exige 24 horas al día. La portavocía municipal exige 24 horas al día. Difícil multiplicarse y sin olvidar el típico si hoy es sábado esto es el Día de la Pasa. O el del Ajoporro, que ya se sabe lo importante que es la presencia por toda la provincia. Parte del PSOE lo va a continuar controlando quien lo ha controlado siempre. Ese es el pacto: un abrazo profiláctico entre el susanismo y los que merced a un viraje se han hecho con el espadismo. Espadas se entera poco de lo que pasa en Málaga. Lo que quería era paz. No habrá integración de críticos en la nueva ejecutiva.

En Sevilla se está marginando notablemente, cuasi humillando, a algunos dirigentes socialistas malagueños y en lo tocante a Madrid a Bustinduy le van a quitar el escaño en el Senado (aunque algunas fuentes afirman que se complica la operación) en aras de una renovación de chichinabo que se aplica con la ley del embudo y no con un criterio serio ni a todos. Muy atentos.