En la agenda 2030 de Naciones Unidas se sitúa la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y niñas en el centro del desarrollo sostenible, esto requiere garantizar nuestro derecho a una vida libre de violencias machistas en todos los ámbitos laboral, económico, familiar y social. Quedan poco más de ocho años para llegar a esa fecha, pero desgraciadamente no estamos cerca de conseguir tan loable meta.

La tasa de empleo de mujeres entre 25 y 49 años sin hijos es del 72,1%, pero si hablamos de mujeres de la misma horquilla de edad con tres hijos o más esta tasa se sitúa en el 49,4%. Después de la maternidad, sólo el 55% de las mujeres vuelven a su antiguo horario laboral frente al 100% de los hombres, el 7% acaba renunciando a volver del todo y el 3% pierden su empleo. En el 2020 un 71,27% de la contratación entre mujeres fueron temporales y el 28,72% fueron indefinidas, en el 2019 también tenemos cifras similares.

Como se puede ver, la calidad y cantidad del empleo, pilar fundamental, para prevenir y combatir la violencia de género, es escasa y precaria. Esta precariedad laboral nos aboca a una brecha salarial, sustentada por falta de antigüedad en las empresas, falta de presencia en los puestos de mando y conciliación con la vida familiar. En Andalucía, esta brecha es de un 20,94%, las mujeres ganamos de media casi un 21% menos que los hombres. Así cuando llegamos a la jubilación las nóminas de pensiones nos confirman esta cruda realidad. En Málaga, las pensiones de las mujeres tienen una cuantía media mensual de 785,36 euros, mientras que la de los hombres alcanza los 1.112,81 euros. La brecha de género del 29,42%, las pensiones de las mujeres son casi un 30% menor que las de los hombres, la mayoría son por viudedad y a favor de familiares, es decir que las mujeres nos seguimos quedando en casa a cuidar de los nuestros.

El último informe de la OIT ‘Perspectivas sociales y del empleo en el mundo-tendencias 2021’, ha recabado información que señala que en España se llevan a cabo con frecuencia «tácticas de presión» y mobbing por parte de los empleadores con el fin de que las embarazadas y madres recientes desistan de su empleo. En España, estas prácticas están extendidas, con mujeres que dicen haber sufrido acoso durante su embarazo o presiones para dimitir y se han agravado por la crisis de la Covid-19, tal como se refleja en la página 74 del citado informe. Los estudios también demuestran que en los primeros años de maternidad las mujeres optan por reducciones de jornadas para poder conciliar vida laboral y familiar, con lo cual se incrementa la brecha salarial dificultando la ruptura del techo de cristal en las empresas. Las proyecciones de la OIT destacan el peligro de que la pandemia deje en el mercado laboral mayor desigualdad geográfica y demográfica, más pobreza y menos trabajos dignos, sobre todo si eres mujer, nuestro panorama no puede ser más desolador.

Las mujeres que sufren violencia de género necesitan un tejido económico y social que las ayude a denunciar y luchar contra la violencia dentro del entorno familiar, pero fuera de este entorno también sufrimos las mujeres el acoso sexual en el ámbito de las empresas y la discriminación por género.

Frente a todas las dificultades que sufrimos en el mundo laboral, por el simple hecho de ser mujer, tenemos una herramienta que nos puede ayudar al empoderamiento femenino: la negociación colectiva con medidas de acción positiva. El adecuado desarrollo de los Planes de Igualdad para difundir y mejorar los derechos laborales y la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, como herramientas correctoras de las desigualdades y discriminaciones en cada empresa y centro de trabajo.

Nuestra acción sindical debe de estar impregnada desde la perspectiva de género, cuando nos sentemos a negociar un convenio no se puede dejar atrás la inclusión de protocolos en las empresas y administraciones públicas frente a casos de acoso sexual y acoso por razón de sexo, (aquí en Málaga la patronal no quiso firmar la inclusión de los protocolos de actuación ante el acoso sexual), así como la atención jurídica y sindical en estas situaciones y en este contexto la colaboración del sindicato con las organizaciones competentes (administraciones públicas, patronal, asociaciones de mujeres,..) para erradicar todo tipo de violencia contra las mujeres.

Por ello, desde CCOO volvemos a exigir a la patronal de Málaga que firme los protocolos de prevención de acoso sexual, así como, la inclusión en todos los convenios colectivos de planes de igualdad alcanzables, justos, evaluables, donde nuestra organización sindical tiene mucho que decir porque tenemos que estar en la negociación.

La acción sindical, la formación y la sensibilización para alcanzar la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en el ámbito laboral debe de ser una realidad y no una declaración de intenciones. Ese debe de ser nuestro principal objetivo y por ello debe de estar presente en todos los ámbitos de la negociación colectiva.