El Gobierno andaluz anda contando un relato que se titula ‘la pinza’. Quiere dar a entender que Vox y la izquierda han acordado derribar al Ejecutivo andaluz y que por eso se ven obligados a adelantar las elecciones.

Lo que se persigue es el efecto que logró Manuel Chaves tras aquella famosa legislatura de solo dos años (94-96) que se dio en llamar de la pinza. Con 45 diputados se vio atenazado. Convocó y sacó mayoría absoluta. Algunos dirigentes del PP andaluz están en primero de Chaves pero otros ya han aprobado el segundo curso. Vox ha votado contra los Presupuestos porque en Madrid se lo han ordenado y porque quiere elecciones ya. Olfatea Educación o tal vez olisquea Turismo o se huele Hacienda o sueña con Cultura. A Juanma Moreno se le abren las carnes, y así lo ha verbalizado alguna vez en privado, ante la posibilidad de gobernar con Vox, alguno de cuyos próceres por cierto roza hacia él el insulto personal en los debates parlamentarios.

El PSOE por su parte no ha aprobado los Presupuestos por no creer en ellos y por no dar oxígeno y solamente hizo un amago de aquiescencia para ganar tiempo, cuando temió que los comicios le pillaran en bragas orgánicas, sin renovar la organización, con Susana Díaz mal metiendo y creyendo aún que estaba viva. La izquierda por su parte trata de organizarse aunque parece casi inevitable que haya más de una lista. Ciudadanos intenta sobrevivir. No importa cuando lea esto. Una manera es elaborar listas conjuntas con el PP, aunque esto no sería sumar, más bien supondría salvar el escaño de algunos dirigentes de Ciudadanos. Los populares convocarán cuando mejor salgan en los sondeos, no van a convocar cuando peor estén, claro. Si bien, Génova tenía otros planes y prefería elecciones cuanto antes sin importar el grado de victoria, solo por lanzar el mensaje de que el partido de Casado va bien. Que en realidad va desangrado por la guerra con Ayuso. Para distraer, Casado se han lanzado a la calle a endurecer su oposición. Agitación, jaleo y manifas. Justo lo que necesitamos en este contexto en el que se adivina otra crisis, el omicrón nos rodea y la inflación galopa.