Por nuestro bien y nada más que por nuestro bien, Pedro Sánchez, presidente de esta España que se desgaja poco a poco, va a reunir al Consejo de Ministros, en todas sus modalidades lingüísticas, dos veces por semana durante este mes de alegrías, mazapanes, luces a toda pastilla y bajada de las pandas de verdiales a calle Larios.

Así es y así será, y mientras el conjunto de toda la ciudadanía disfrutará de lo lindo, ellos y ellas, incluidos Garzón y el ministro de Educación, estarán como esclavos al servicio del pueblo.

Y Pedro comparecerá delante de la ‘caja tonta’ que, en todas sus modalidades de izquierda y derecha, servirá de trampolín acústico y visual para escuchar y contemplar los parabienes que Europa, ¡oh Europa!, nos prestará, sin interés alguno, para salir de esta pequeña crisis que acaricia nuestro día a día.

Bajará el recibo de la luz, disminuirá el número de hombres y mujeres que miran al sol cada mañana, abrirán los bares y restaurantes, llegarán ingleses y alemanes para gastar sus euros, nos hablará el señor Pedro de la victoria sobre el maldito bicho, al tiempo que el ministro de Educación nos sorprenderá con nuevas modalidades educativas y todo ello, más lo que deseen las autoridades del pueblo, se lo deberemos a los chicos y chicas de Bildu que, con sus votos, harán posible que el bienestar de la paz alumbre de rojo fuerte la palidez de esta sociedad que tal vez, si se porta bien y obedece, pueda seguir asistiendo a los estadios de fútbol.

Y buena parte de ello, lo más sabroso, será depositado en los oídos del pueblo con ese tono de voz que solamente Pedro, nuestro Pedro, es capaz de imprimir sin que se mueva un músculo de su pétrea cara.