Vivir en la ignorancia te proporciona mayor felicidad? Puede que sí, y eso es lo que parecen inducirnos los gobernantes a cualquier escala, a sabiendas de que es una trampa mortal para cualquier sociedad, pero impera el hablar de futuro con acciones que reventarán a corto plazo, abonando el terreno de pensamiento único.

Las luces de Navidad, que de niña me fascinaban, ahora casi se me atragantan, porque todo tiene que ser magnífico y evaluable en caja. Como muestra, un iluminado Jardín Botánico cuya función didáctica, investigadora y proteccionista de la naturaleza debiera ser visita guiada gratuita anual para políticos, escolares y universitarios…, donde divulgar la Agenda 2030 y lo que Málaga preparará para un futuro sostenible.

Sirva ello como ejemplo del ‘mundo feliz’ al que nos derivan a diario. Como otro que hace poco vi: la construcción de una isla ganada al mar para crear una ‘Smart and Green City’ en Corea del Sur, promovida por capital privado. No imagino el impacto medioambiental generado a esa costa y a la cuenta del cómputo mundial, pero da igual, la economía del ‘pelotazo’ nos pirra en todas partes, con sus comisionistas. Todos generando detritus que abonarán miserias futuras para hijos, nietos... Pero no importa, yo salvé mis trastos, que los demás salven los suyos.

Hoy se cometen abusos, tropelías… de manera consentida e idealizada, con base en una bonanza económica. Pero no importa, ganaremos los interesados y para el resto las migajas.

Por favor, no consientas ignorar lo que naturalmente sabes.

No me gusta ser agorera, pero la mala educación y no querer verla constituyen la ignorancia y la pasividad individual y social acrítica a la que están encantados de someternos, que nos puede llevar a tremendas angustias e incluso a otro planeta. ¡Ve a Marte tú, que yo quiero la Tierra!