El mensaje navideño del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, será a las diez de la noche de mañana día 31 de diciembre. Qué duda cabe que nuestro ayuntamiento sabe cómo animar una Nochevieja. No se espera que De la Torre hable de lo único que interesa: si se va a volver a presentar. Las buenas películas se ven con palomitas en la boca, pero al regidor por antonomasia lo vamos a contemplar con las uvas en la mano. Es probable que incite a la prudencia y a la mascarilla, también a la vacunación, pero, a todas luces, no parece que vaya a comentar los contagios que generan las aglomeraciones.

De la Torre está ante uno de los grandes retos de su vida: ser breve. Si el discurso comienza a las diez, a las doce menos cuarto tal vez esté aún haciendo balance de 2021. Y vaya por marzo. Lo ideal es que insufle optimismo, ahí es nada la posibilidad de organizar una expo en el año 2027, lo que sería estupendo colofón para una larguísima y fructífera etapa como alcalde. Pero no adelantemos acontecimientos, que es capaz de cortar la cinta inaugural -2027- y afirmar que necesita tiempo para consolidar su proyecto.

Al alcalde ya le ha dicho su partido (el PP, por si alguien lo ha olvidado) que no puede contar con García Urbano -primer edil de Estepona- en las próximas listas por Málaga para las municipales. Y, claro, esa negativa es todo un acicate para él. Ahora, conociéndolo, es cuando lo va a intentar con denuedo. A veces solo escribo para poder leer la palabra denuedo. De la Torre se ha quedado sin delfines pero ahora quiere un pez gordo. Sea el tiempo que sea el que se quede en la alcaldía, el mensaje subliminal ya está claro: con De la Torre nos dan las uvas.

El alcalde se nos va a meter en el salón tal vez antes o después de que lo hagan Cristina Pedroche o Ramón García e Ibai Llanos. Tal vez todos juntos coincidan en nuestro hogar, qué mareo, más champán y niño estate quieto que esto son todavía los cuartos. Queridos malagueños.