Los comienzos de año suelen ser balsámicos. Es tiempo de propósitos, pensamientos positivos e ilusión. Siempre esperamos que el año nuevo nos traiga eso que nos falto el año anterior. 2022 no es una excepción. Entramos en el tercer año de pandemia y en medio de una ola brutal de COVID necesitamos ser muy positivos y ver luz donde sólo hay claroscuros. El año 2021 ha sido muy decepcionante a nivel baloncestístico y su final ha sido horrible. Esas derrotas ante el Joventut y el Lavrio griego desesperaron a muchos, y quizás han provocado una ola mayor de ilusión después de la victoria ante el Casademont Zaragoza. Es sólo un triunfo, sí, pero es el primer partido del año y todos queremos ver un cambio de tendencia y de resultados, de volver a ilusionarnos, y eso es muy bueno y deseable.

La plantilla de esta temporada, aunque como todo es mejorable, tiene la aptitud necesaria para luchar por todos los objetivos propuestos para la temporada pero a veces le ha faltado la actitud. Un cambio de letra que cambia situaciones y trayectorias. Eso nos ha llevado a ver espectáculos dantescos durante algunos partidos de la temporada. Unicaja, además, ha jugado con una ventaja estos años de pandemia que no ha aprovechado. Es el único equipo que no ha tenido brotes de COVID, lo cual habla muy bien de sus servicios médicos y de como se cuidan sus profesionales. Y los jugadores que lo han pasado ha sido mientras estaban lesionados o de vacaciones. En ningún partido de estas temporadas han tenido los verdes bajas importantes por la pandemia. Y los objetivos no se han cumplido.

Todo eso ya es pasado y ahora aprovechando el cambio de año miremos hacia adelante y quedémonos con las cosas buenas que vimos en el Martín Carpena el día 4. Fotis Katsikaris, después de unas semanas de duro trabajo, parece que cambia algunos roles y algunas dinámicas. Alberto Díaz y Norris Cole juntos en el quinteto inicial, Nzosa como primera rotación interior, la posibilidad de ver jugar juntos a Jaime Fernández y a Darío, incluso con Francis Alonso, formando un trio de «pequeños» muy interesante en algunas situaciones de partido o la recuperación de Jonatan Barreiro una vez que se le ha dado su sitio en el equipo.

A mí todo esto me gusta porque además no se ha perdido la conexión entre Cole y Eric o las aportaciones de Bouteille y Abromaitis. Y cuando todo va rodado, no sólo vemos la mejor cara de los jugadores sino que los vemos brillar en aspectos no muy habituales para ellos como podrían ser los 4 tapones de Bouteille, las 11 asistencias de Jaime o los 17 puntos anotados por Barreiro contra su exequipo las 5 últimas temporadas.

El equipo además demostró tener corazón en el primer choque de 2022. Muchas veces he dicho que Alberto y el capitán Carlos Suárez son el alma de este equipo. A este dueto hay que añadir ya a Francis Alonso. Verle tirarse al suelo con el equipo ganando por 35 puntos para asistir a Jaime Fernández es un lujo. Esto debe ser el ADN de este equipo y será la única forma de crecer en la cancha. Sin este corazón y este espíritu de lucha esta victoria ante el equipo maño quedará en un bonito cuento de Navidad o Reyes porque el Valencia el domingo nos volverá a llevar a los oscuros lugares donde vivimos en 2021.

La oportunidad esta ahí. Lavrio debe ser un punto de inflexión en la temporada y el partido ante el Zaragoza la demostración de que… ¡Sí, se puede! De que se van a perder partidos de ahora en adelante, pero que se va a dar la cara y que todos desde el último aficionado hasta el presidente, pasando por jugadores, entrenadores y empleados del club, van a darlo todo para ganar y hacer que este regalo de reyes dure todo el año.

Suerte y poneros la vacuna y la mascarilla… salvan vidas.