Lew Hoad fue siempre un hombre cabal, graníticamente honesto. Por supuesto, hubiera sido la antítesis de algunas vergonzosas conductas que hoy parecen querer predominar. Fue un amigo leal de España. Sin fisuras ni dobleces. Lo demostró tantas veces. Un día de 1972, cuando le llegó en Australia el momento del retiro, decidió venirse a Málaga para instalarse aquí con su familia. Con Jenny, su mujer, decidieron echar raíces en un hermoso rincón del término de Mijas. En las estribaciones meridionales de una de las sierras de la costa malagueña. Celebro que ilustre este artículo una foto espléndida de aquel legendario tenista, un maestro en el arte de andar derecho por la vida. En ella aparece contemplando las obras de lo que sería su futuro hogar: el mijeño Campo de Tenis. Éste siempre llevaría su nombre. Hasta el día de hoy.

Estaba ese santuario del deporte del tenis destinado a convertirse en una de las joyas de nuestra Costa del Sol, además de puerta grande de nuestra entrada en el mundo del gran tenis internacional. Es una gran verdad que esta costa fue la creación de unos genios a los que no tenemos el derecho de olvidar. Como Lew Hoad, muchos de ellos se entregaron, muchas veces desinteresadamente, a engrandecer y beneficiar a estas tierras y a sus buenas gentes. Fue un honesto y siempre amable convecino de todos, mi buen amigo Lew.

Lewis Alan (’Lew’) Hoad nació en Australia, en Nueva Gales del Sur. El 23 de noviembre de 1934. En su carrera demostró ser un tenista ungido por una pléyade de dioses amigos: ganó cuatro veces la mítica Copa Davis, además de conseguir también cuatro veces un Grand Slam. Sus triunfos fueron espectaculares, en el Open de Australia, el Roland Garros y en Wimbledon. En 1956 ocupó, con todos los honores, el primer puesto como un gran tenista con una indiscutible proyección mundial. En 1962 fue aclamado como el número uno de los más grandes tenistas profesionales y amateurs de este planeta. Para Rod Laver, Lew Hoad sin duda fue uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos.

Iris Murdoch, la escritora británica, aquella gran exploradora de los recovecos del alma, dijo que un buen matrimonio, como lo era el de Lew Hoad con Jenny Staley, aquella inolvidable tenista australiana, era comparable a un «splendid two-headed animal». Así fue. Se casaron el 18 de junio de 1955 en la iglesia de Santa María, en Wimbledon. Dos hijas y un hijo fueron el fruto de esa unión de dos maravillosos seres humanos, a los que tuve el privilegio de conocer muy bien.

La etapa malagueña de la vida de Lew y Jenny Hoad fue importantísima. Además de feliz. También lo fue su paso por un gran hotel marbellí: Los Monteros. Los propietarios del establecimiento, ya convertido en una institución legendaria, le ofrecieron al maestro la dirección de su flamante Club de Tenis. Lew la aceptó, encantado. Con una sola condición: que ésta no afectara a su trabajo. Pues para él y para Jenny el Campo de Tenis de Lew Hoad en Mijas seguía siendo lo más importante de sus vidas. Así fue. Para la mayor gloria de la Marbella portentosa de las décadas de los setenta y los ochenta.

Tengo delante un ejemplar de una añorada revista andaluza de turismo, ‘Andalucía Única’. Fechado en noviembre de 2016. En ella publiqué un artículo sobre Lew Hoad. Como lleva mi firma, me he permitido la libertad de copiar parte del texto. Aparece en las páginas 58 y 59.

«Pero lo verdaderamente importante fue su creación mijeña; el famoso Campo de Tenis de Lew Hoad, en el kilómetro 3.5 de la carretera que desde Fuengirola serpentea hasta ese hermoso nido de águilas que siempre fue el pueblo de Mijas. El club de tenis, con sus 5 pistas, se levantaba en el antiguo cortijo de la finca, el Cortijo de la Alcaparra. Lew Hoad se rodeó de un equipo de espléndidos colaboradores. Entre los que debemos destacar a la brillantísima Paloma García-Verdugo, y a otros dos personajes: Allan Watt y Peter Risdon. La jovencísima, Paloma García-Verdurgo, hija del que fuera el admirable y ejemplar médico de Fuengirola, el doctor Manuel García Verdugo, fue ‘fichada’ por los Hoads en 1972. Su trabajo en el Campo de Tenis de Mijas y en el Club de Tenis de Los Monteros en Marbella fue tan espectacularmente eficaz que todos la considerábamos el alma de aquel portentoso equipo que se había aglutinado alrededor de Lew Hoad. Después de su matrimonio en 1977, Paloma tuvo que regresar varias veces para ayudar a sus antiguos compañeros de trabajo. Creo que la Costa del Sol le debe un homenaje a esa gran mujer de Andalucía, cuyo inglés no desentonaría en Buckingham Palace, y a la que todos admirábamos.

Allan Watt era un australiano genial. Ingeniero, arquitecto y botánico brillantísimo, hizo una adaptación prodigiosa de aquella finca agrícola, a la que convirtió en uno de los más bellos clubs de tenis de Europa, respetando siempre el alma andaluza de aquel lugar. Lo recuerdo cuando llegó de Singapur, cargado de plantas exóticas que se aclimataron perfectamente a aquellos campos entre Fuengirola y Mijas. «And last but not least», no sería justo olvidar a otro de los grandes colaboradores de los Hoad: Peter Risdon. Aquel brillante joven ‘broker’ de la City londinense. Que un día ya lejano decidió seguir a Lew Hoad, aquel australiano tranquilo. Y unirse a los que levantaron en tierras malagueñas aquel pequeño paraíso alrededor de aquel noble y civilizado deporte. Sigue Peter manteniendo cada año el ‘Lew Hoad Memorial’, la competición en honor del maestro, nunca ausente.»

Lew Hoad falleció en Málaga, en el Hospital Carlos Haya. El 3 de julio de 1994. Tenía 59 años. Fue en el final de una larga y cruel enfermedad. Se enfrentó a ella con valentía y con buen humor. Como un buen tenista australiano.