«¡Saeta!»

-«Dígame don Santiago»

-«¿Sabe? Me estoy planteando devolver a Paco a Santander»

-«Y, ¿por qué motivo vos querés hacer eso?»

-«Mire, no me gusta que el público se ría de nuestros jugadores ni del club. Esto no es un circo, ¡Coño! Ese chaval es físicamente un portento, pero no puede correr más rápido que el balón; no puede trastabillarse cada vez que sale como un loco por la banda sin control para deleite irrisorio de la hinchada…»

-«Don Santiago, ese pibe le dará muchas alegrías en el futuro. Confíe en mí que de esto de gambetear sé bárbaro».

-«En sus manos dejo esa responsabilidad, Alfredo»...

Y gracias a la intuición de don Alfredo Di Stéfano, la ‘Galerna del Cantábrico’ marcaría con el devenir de los años, una de las páginas más extraordinarias de la historia del fútbol.

A orillas del mar cantábrico y dentro del municipio de Astillero, se esconde el coqueto pueblo de Guarnizo, a cuya existencia desde el 21 de octubre de 1933, los dioses tildarían de lugar sagrado. Fue el día en el que un pequeño rechoncho gestado por el vientre de Prudencia llamado Francisco, vería la luz por primera vez, en el seno de una familia humilde.

A pesar de la enorme felicidad que supuso la llegada de su segundo vástago, pronto sonarían tambores de guerra en 1936 llenando de convulsión a todo el país. La resaca de aquel sinsentido entre hermanos, obligó al pequeño y escurrido Paquito a dejar los estudios prematuramente para ayudar a su padre en la siega, siembra de patatas y cuidado del ganado. Contaban los más ancianos del lugar que se pasaba todo el día corriendo de arriba para abajo por todo el pueblo, emulando a los grandes ídolos balompédicos de la época.

Sus comienzos se sitúan en el humilde equipo formado por amigos llamado Nueva Montaña dentro del campeonato regional, pero pronto pasaría a formar parte de un club de mayor entidad como era el Astillero a los 14 años, donde en una de sus numerosísimas grandes tardes de fútbol, logró anotar la friolera de 9 goles. Aquella gesta le valdría para fichar por el Rayo Cantabria, filial del Racing de Santander.

Por entonces no era habitual realizar pagos por traspasos en categorías tan amateurs, pero tal era el desparpajo de aquella galerna guarnicense, que su nuevo club pagó una pequeña cantidad al club de origen y a él le llegaron a dar la nada despreciable cifra de 3.000 pesetas de contrato al año y 500 pesetas mensuales.

Debutaría en Primera División el 22 de febrero de 1953 frente al FC.Barcelona en los antiguos Campos de Sport (3-3), dejando boquiabiertos a propios y extraños. Le bastaron tan solo 10 partidos y 2 goles para convencer al vicepresidente del Real Madrid Álvaro Bustamante, paisano suyo, de que en su tierra había un jugador llamado a vestir la camiseta blanca. Así se lo hizo saber a Bernabéu, quien firmaría al jugador en un primer contrato por 5 años a razón de 25.000 pesetas anuales de ficha y 4.000 mensuales.

Tras una irregular temporada inicial donde disputaría 17 de los 30 partidos ligueros, la llegada para la siguiente campaña del argentino Rial iba a dar un cambio radical en el rumbo del cántabro. Y es que los pases largos de «El Nene», como cariñosamente era apodado el de Pergamino, le dieron la propia vida a Gento que, con sus espectaculares galopadas por la banda, era capaz de desbordar a cuantos rival se cruzase en su camino. A partir de esos momentos comenzaría la leyenda de la «Galerna del Viejo Chamartín», en el Real Madrid.

Ariza, junto a Paco Gento. La Opinión

Con el paso del tiempo, el nombre de Paco Gento se haría universal dentro de un Madrid que estaba construyendo los cimientos de la época más gloriosa de su historia junto a Alfredo Di Stéfano, que llegaría en la misma temporada que él. En Europa reinó a sus anchas, sembrando el terror por cada estadio que pisaba a lo largo del viejo continente.

Gento ha sido el único jugador del mundo que intervino durante quince años consecutivos en la Copa de Europa, llegando a jugar la friolera de 8 finales. Para el recuerdo el maravilloso tanto anotado en la final de la Copa de Europa de 1957 ante la Fiorentina (2-0), y el trascendental y agónico logrado en la prórroga ante el Milán en la de 1958 (3-2) que le encumbraría a lo más alto del olimpo de los dioses. A su vez ostenta el grandioso honor de ser el único jugador de la historia –y aún en nuestros días–, en conquistar 6 veces el título de campeón, por lo que es considerado la leyenda continental más importante de la competición.

De París en 1956, a la quizás más emotiva conquista que supuso la de Bruselas de 1966 capitaneando a la nueva generación de jóvenes y talentosos jugadores blancos denominados los ye-yes, pasando por la final de casa en Madrid de 1957, la más difícil de todas en Bruselas 1958, Stuttgart en 1959 y la ya mítica final de Glasgow, que encumbró al Real Madrid a la inmortalidad. A sus espaldas dejó 600 partidos oficiales y 182 goles.

Con la selección española jugaría en 44 ocasiones, logrando 6 goles. Su debut se produjo el 18 de mayo de 1955 en un partido amistoso disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante Inglaterra.

Tal era la envergadura del personaje, que ha sido el único jugador que ha recibido dos homenajes en vida. El primero de ellos en 1965 ante River Plate, cuando aún era jugador en activo y donde los blancos vencieron por 3-1 a los argentinos. El 14 de diciembre de 1972, coincidiendo con el 25 aniversario del Estadio Santiago Bernabéu, se rindió el segundo de los homenajes, en esta ocasión ante el Os Belenenses al que los blancos doblegaron por 2-1 y donde el gran jugador portugués Eusebio, formaría en las filas blancas para honrar a su amigo Gento.

Aquella recordada noche, Gento anotaría su último gol con la camiseta del Real Madrid al transformar un penalti en el minuto quince y tras veintisiete minutos sobre el césped, dejaría su puesto al balcánico Dzajic, siendo despedido bajo una ovación jamás antes procesada por la afición madridista hacia uno de sus jugadores más emblemáticos de la historia.

Tras su retirada como jugador en activo dirigió al Castilla, Castellón, Palencia, Granada y a varios equipos de las categorías inferiores del Real Madrid. En la actualidad, Gento ejercía como presidente de honor del club de Concha Espina, habiendo sucedido en el cargo a la gran Saeta Rubia, tras su fallecimiento en julio de 2014.

En el Real Madrid formó parte de la que ha sido considerada como la mejor delantera de todos los tiempos compuesta por Puskás, Kopa, Di Stéfano, Rial y el propio Gento.

A su vez, tiene el honor de poseer el palmarés más impresionante de la historia del fútbol. Y es que no se cansó de hacer acopio de título tras título en los más de 18 años que estuvo en la casa blanca. Por lo que en sus vitrinas se concentran 12 títulos de liga, 2 Copas de España, 2 Copas Latinas, 1 Copa Intercontinental, 1 Pequeña Copa del Mundo y la friolera de 6 Copas de Europa, entre otros muchos títulos y distinciones a nivel personal.

Pero a Gento no le gustaba en absoluto la popularidad, era demasiado tímido para alardear de su pasado y de quien verdaderamente era. Fe de ello puede dar un servidor al cual le costó dios y ayuda hablar con él. Y fue en el día menos esperado, cuando en uno de sus paseos mañaneros habituales con su perro, decidí asaltarle con el fin de que me contase cómo fueron capaces de lograr conquistar tanto él, como el resto de sus compañeros, la friolera de 6 entorchados europeos. Me miró, hizo una pausa de unos segundos y comenzamos la charla para mí deleite. De entre todas, extraigo la siguiente anécdota, tal vez menos conocida por todos nosotros:

«…Guardo un nefasto recuerdo del camino en lo que pudo ser la sexta copa de Europa en 1961. El azar hizo enfrentarnos en octavos de final al Barcelona. Ya en el ambiente se palpaba algo extraño mucho antes de jugar los dos partidos. Era como si estuviese escrito que no podíamos pasar, de ello ya se encargaron perfectamente los árbitros.

«En Barcelona y ya en el partido de vuelta, anularon un claro gol a Marquitos, y en otra jugada no pitaron penalti a Canario, cuando Gracia casi le arranca el corazón con los tacos de sus botas. Fue tremendo aquello ya que parecía que había instrucciones de que el Madrid no podía ganar una vez más la Copa de Europa, la que hubiese sido la sexta consecutiva. Se montó un follón en la cena, ya que estuvo presente el árbitro inglés Mr. Ellis y yo nada más verle me volví loco. Me fui directo hacia él para pegarle un mamporro. Se lio la de dios y entre todos me intentaron frenar. Casi se acaba mi carrera en esos momentos». (Risas)

Genio y figura don Francisco Gento. Descansa en paz, querida ‘Galerna del Viejo Chamartín’.