Fue a orillas de Sierra Tejeda, en el pueblo de mis amores y con motivo de la primera edición del Día de la Trilla, celebrado el 14 de julio de 2013 –jornada que estableció el regidor de la villa de Sedella José Antonio Gutiérrez, para conmemorar una tradición agrícola ancestral que ha servido de sustento económico durante siglos de la prácticamente totalidad de sus habitantes–, cuando conocí a «El Tigre de Martiricos».

La pasión de Gutiérrez por los colores blanquiazules hicieron que para tan señalada onomástica atrajese la atención de 2 leyendas de nuestro Málaga, CF. Por un lado, la de Abdallah Ben Barek (CD Málaga 1958-1968) –finalmente no pudo asistir por una indisposición, saltando a escena otro mítico pelotero como era Pepe Salguero (CD Málaga 1978-1980)– y por otro, la de Antonio Fernández Benítez (CD Málaga 1964-1976). La amistad que me unía al edil venía de muchos años atrás, debido a la gran pasión que ambos sentíamos por el fútbol, y sin dudarlo en ningún instante, nada más aterrizar estas dos grandes leyendas en nuestro pueblo, al primero que llamó para presentarlos fue a mí.

Con Salguero había coincidido en algún que otro acto del Real Madrid, por lo que al verme me reconoció en seguida, pero con Antonio era la primera vez que intercambiaba palabra alguna. Y aquello fue como un flechazo, no ya por la leyenda que sabía que era en nuestra ciudad, sino por la humanidad a raudales que desprendía por todos los costados. Fue pronunciar el nombre de Viberti (CD Málaga 1969-1974) y ver abrírseles los ojos de ‘par en par’. Ciertamente un momento inolvidable y con esa memoria privilegiada de la que gozaba, comenzamos a hablar y hablar hasta que por poco no nos perdemos el acto principal para el que fue requerido, el reconocimiento a toda su trayectoria profesional en nuestro querido y añorado CD Málaga, y posteriormente en el Málaga CF, nombrándole padrino del acto y haciéndole entrega de una placa conmemorativa.

Antonio Benítez en su etapa como jugador del Málaga CF.

De aquel evento surgió una empatía enorme y cada vez que acudía a la Rosaleda y le veía nos saludábamos efusivamente, recordándome siempre lo amables que fueron con él en Sedella. Sin lugar a duda no solo era una gran leyenda malaguista, sino que junto a «Pajarito» (Ben Barek), el «Tigre» se había convertido en el mejor embajador de un club que supo resurgir de sus propias cenizas, para seguir llevando su pasión por los colores blanquiazules por cada rincón de nuestra provincia y España entera.

Y fue precisamente desde aquellos momentos cuando un servidor decidió indagar en el pasado de aquel personaje, ya que por edad no tuve la oportunidad de verle jugar. Y la memoria que guardaban los libros y los periódicos que olían a viejo, como suele decir mi hija cada vez que baja a mi anciana biblioteca llena de recuerdos del ayer, me llevaron a descubrir la verdadera historia del mito que hasta entonces era desconocida para mí.

Como él solía decir, ha pasado mucho desde que por primera vez vistiese la zamarra blanquiazul, que curiosamente hubo de hacerlo con una pequeña artimaña, digna del gran maestro de la picardía como fue Carlos Salvador Bilardo, y es que ese día jugó con una ficha falsa, en el Hidroeléctrica El Chorro, porque no tenía edad para hacerlo con los «mayores».

Doce temporadas le contemplan como jugador boquerón, en los que disputó la friolera de 222 partidos, 106 de Primera División, 83 de Segunda División, 31 de Copa y 2 de Promoción a Primera. Y otros 311 como entrenador en una primera etapa con el CD.Málaga y otros 69 en el Málaga CF. Si echamos cuentas, hablamos de ni más ni menos que 602 partidos representando a nuestro equipo, a nuestros colores, a nuestra ciudad… por cada rincón del mundo. Son registros al alcance tan solo de los elegidos, y Benítez sin lugar a duda, ha sido tentado por los dioses para escribir la página más longeva de la historia del club de Martiricos. ¡Me pongo en pie!

Entre 1970 y 1975, Antonio F. Benítez fue integrante del mejor CD Málaga de la historia, en el denominado ‘Quinquenio de oro’. Benítez, Migueli, Viberti, Deusto, Macías… y de la mano del magiar Jenö Kälmár en primera instancia, y posteriormente Antonio Carmona Ros y Marcel Domingo, lideró a un equipo temido allá por donde jugaba. Fueron temporadas en la que el rugir del «Tigre» – apodo que le pondría Viberti, a Benítez por su constante lucha en el centro del campo– se oía con más fuerza que nunca. Era aterrador desde la Palmilla hasta los confines del Arroyo de la Miel.

Era un centrocampista de carácter defensivo y muy trabajador, como sucede con todas las personas humildes. En esa primera temporada y cuando el Málaga estaba en segunda división, disputaría 16 partidos de liga logrando el hito del ascenso a Primera. El debut en la élite se produjo el 19 de septiembre de 1965, en La Rosaleda, frente al Córdoba.

Desde ese día y hasta el 16 de mayo de 1976 donde disputó su último partido oficial con el Málaga (victoria 1-0 ante el Rayo), dejando de nuevo al equipo en primera división, Benítez había logrado convertirse muy lentamente y sin apenas hacer ruido en una de las grandes leyendas del club.

Pero si su carrera como jugador fue infinita, la de entrenador no le iría a la zaga. Recuerdo que en la temporada 83/84 y cuando contaba con 8 años de edad, y aún vivía en Schaffhausen (Suiza), me llegaron ecos desde mi tierra de que el Málaga había vencido al Real Madrid por 6-2. Si, han oído bien, un «set» que endosaron al todopoderoso Madrid. Yo no me lo creí del todo ya que en aquella época solo llegaban noticias desde el reino a través de la emisora Radio Munot que conectaba con RNE, hasta que años después, allá por el primer tramo de los 90, mi amigo José Antonio Gutiérrez logró conseguirme el partido en VHS.

Era la época en la que Juanito vestía de blanco, siendo precisamente él el que anotase los 2 goles de su equipo. Aquel Madrid era guerrero y muy viril (Camacho, Chendo, nuestro Pepe Salguero y Paco Pineda, Del Bosque, Santillana…) pero aquel 11 de septiembre de 1983, el Málaga lo fue aún más. Un hat-trick de Martín, la bravura de Canillas, Recio, Popo y la entrega del resto, hicieron que se viviese un día de gran festividad en la capital de la Costa del Sol. Pero, ¿quién fue el que diseñó el esquema táctico del partido? Antonio F. Benítez, que desde el banquillo supo leer a su adversario a la perfección para endosarles una de las derrotas más sonrojantes de toda su historia, únicamente equiparable a la goleada por 6-0 que en la temporada 52/53 sufrirían los blancos de la mano de los Bazán y compañía, es decir, del primer gran Málaga de la historia. Aquella victoria encumbraría a Benítez como un maestro de los banquillos.

Fueron 60 años al servicio de la institución malaguista, donde logró todos los récords habidos y por haber, por lo que el club y de forma más que merecida, el 11 de agosto de 2013 (meses después de visitar mi pueblo curiosamente), otorgaría a la Puerta 0 del estadio, al igual que al pasaje por el que se accede a las oficinas del estadio, el nombre de Antonio Fernández Benítez para la eternidad. Sin lugar a duda, el nombre del mejor entrenador de la historia.

El Tigre falleció la mañana del pasado domingo 23 de enero de 2022, pero para la eternidad quedará impregnado su nombre con letras de oro en los cimientos de La Rosaleda. Descansa en Paz, querido amigo, seguiremos honrando tu memoria por los siglos de los siglos.